EL DIOS ETERNO Y NUESTRA FRAGILIDAD TEMPORAL

Salmo 90:2 (RVR60):
"Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios."

Este versículo, situado en el único salmo atribuido a Moisés, nos confronta con una verdad trascendental: la eternidad absoluta de Dios. En un salmo que reflexiona profundamente sobre la brevedad de la vida humana ("Los días de nuestra edad son setenta años", v.10), el versículo 2 establece el contraste más dramático posible. Moisés, quien guió a un pueblo a través del desierto y enfrentó la fugacidad de la vida en cada tumba abierta en la arena, eleva su mirada hacia el Único que permanece.

"Antes que naciesen los montes..." Los montes son, en nuestra experiencia, los elementos más permanentes del paisaje. Representan estabilidad, antigüedad, lo que parece eterno desde nuestra perspectiva. Sin embargo, Dios existía antes de que estas formidables estructuras fueran "nacidas". El lenguaje es poético: las montañas tienen un comienzo, un "nacimiento", pero Dios precede incluso a ese evento cósmico.

"...y formases la tierra y el mundo..." Aquí Moisés reconoce a Dios como el Creador activo. No es solo que Dios existía antes, sino que Él es el agente de la formación de todo lo que conocemos. El término "mundo" (en hebreo, "tebel") implica el mundo habitado, ordenado, no solo la materia bruta. Dios diseñó la tierra para ser un hogar, estableciendo sus leyes, sus ciclos, su belleza.

"...desde el siglo y hasta el siglo..." Esta frase abarca la totalidad del tiempo. "Desde el siglo" se refiere a todo el tiempo pasado, más allá de lo que podemos rastrear o imaginar. "Hasta el siglo" se extiende hacia un futuro igualmente inalcanzable para nuestra comprensión. Dios no solo es antiguo; Él es permanentemente eterno, sin principio ni fin, el "Yo Soy" que se reveló al mismo Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3:14).

"...tú eres Dios." La declaración culminante es simple y monumental. En medio de un universo cambiante y una existencia humana marcada por la transitoriedad, hay una constante inquebrantable: la persona y el carácter de Dios. Él no se vuelve Dios, no evoluciona hacia la deidad. Él es, ha sido y será siempre Dios, en la plenitud de su naturaleza, poder, santidad y amor.

Aplicación para nuestra vida hoy:

Perspectiva en el sufrimiento: Cuando enfrentamos pérdidas, cambios drásticos o la fragilidad de nuestra salud, recordar que Dios es eterno nos ancla. Nuestro dolor, aunque real e intenso, es temporal. Su naturaleza amorosa es permanente.

Humildad en nuestros logros: Nuestras obras, por grandes que parezcan, son efímeras frente a la eternidad de Dios. Moisés, líder de una nación, escribió estas palabras. Nos llama a trabajar no para legados perecederos, sino para lo que tiene valor en la economía eterna de Dios.

Confianza en sus promesas: Un Dios eterno garantiza promesas eternas. Su fidelidad no está sujeta al tiempo. Lo que Él ha dicho se cumplirá, porque Su palabra emana de un carácter inmutable a través de las edades.

Descanso en su soberanía: La historia humana, con sus crisis y giros, no aturde a Dios. Él ve el principio desde el fin. Su gobierno se extiende más allá de nuestros horizontes temporales limitados.

En un mundo de modas pasajeras, tecnologías que pronto quedan obsoletas y relaciones que a veces se desvanecen, el Salmo 90:2 nos invita a construir nuestra vida sobre la Roca eterna. Nuestros días pueden ser como la hierba que por la mañana florece y por la tarde se seca (v.5-6), pero nuestro Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Oración

Padre Eterno, que existes desde antes de los tiempos y permaneces para siempre,
Te adoramos hoy porque Tú solo eres Dios. Frente a tu eternidad, reconocemos nuestra pequeñez y la brevedad de nuestros días. Enséñanos a contar bien nuestro tiempo, para que ganemos un corazón sabio. Ancla nuestra alma en tu naturaleza inmutable cuando las tormentas del cambio azoten nuestra vida. Que la verdad de que Tú eres desde el siglo y hasta el siglo, nos llene de paz, nos guíe en nuestra peregrinación y nos impulse a vivir cada día bajo la luz de tu eternidad. En el nombre de Jesús, quien nos abrió el camino a tu presencia eterna, Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aclaración

Este Blog no tiene fines de lucro, ni propósitos comerciales, el único interés es compartir los gustos y las preferencias de su autor, con personas afines. Julio Carreto. Predicador