"Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe."
— Gálatas 6:10 (RVR60)
Introducción: El Tic-Tac del Reloj Divino
Vivimos en una era obsesionada con el tiempo. Medimos nuestra vida en segundos, minutos, horas y años. Hablamos de "ganar tiempo", "perder tiempo" e "invertir tiempo". Sin embargo, pocas veces nos detenemos a considerar el tiempo desde la perspectiva de Dios. El apóstol Pablo, al final de su carta a los Gálatas, nos entrega un mandamiento que es a la vez una filosofía de vida: ser intencionales con el tiempo que se nos ha dado.
Gálatas 6:10 no es solo un versículo bonito para memorizar; es una brújula que nos orienta en medio del caos de la vida diaria. Nos recuerda que la vida cristiana no se vive en una burbuja de espiritualidad abstracta, sino en el camino polvoriento de las relaciones humanas, las necesidades tangibles y las decisiones cotidianas.
I. El Contexto: Sembrar y Cosechar
Para entender la profundidad de este versículo, debemos mirar los versículos que lo preceden. Pablo ha estado hablando de la ley de la siembra y la cosecha: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gálatas 6:7). Inmediatamente después, contrasta dos tipos de siembra: sembrar para la carne (que lleva a corrupción) y sembrar para el Espíritu (que lleva a vida eterna).
Es en este contexto agrícola y espiritual donde Pablo inserta nuestro versículo. La "oportunidad" de la que habla es el campo. El "hacer bien" es la semilla. Y la cosecha es la bendición de Dios y la edificación de su reino. No se trata de activismo sin sentido, sino de una vida que, consciente de su destino eterno, siembra diligentemente en el presente.
II. "Según tengamos oportunidad": La Mayordomía del Presente
La frase "según tengamos oportunidad" es crucial. La palabra griega usada aquí implica un tiempo señalado, un momento favorable, una ventana de posibilidad. Pablo nos está enseñando que las oportunidades para hacer el bien no son eternas. Son como ventanas que se abren y, si no actuamos, eventualmente se cierran.
Piense en esto:
La oportunidad de consolar a un amigo que sufre no durará para siempre; quizás mañana ese amigo haya endurecido su corazón o la situación haya cambiado.
La oportunidad de testificar a un familiar escéptico puede presentarse en una conversación casual que no volverá a repetirse.
La oportunidad de ayudar económicamente a alguien en apuros puede ser hoy; mañana, esa persona podría haber encontrado otra solución, o nosotros podríamos haber perdido los recursos.
La mayordomía del tiempo es, por lo tanto, una mayordomía de las oportunidades. Implica vivir con los ojos abiertos espiritual y físicamente. Es fácil estar tan absorto en nuestro propio mundo (nuestras pantallas, nuestras preocupaciones, nuestros planes) que no vemos las "coincidencias divinas" que Dios pone en nuestro camino. La vida cristiana es una vida de disponibilidad. Es decirle a Dios cada mañana: "Señor, abre mis ojos para ver las oportunidades que hoy me das para ser un canal de tu bendición".
III. "Hagamos bien a todos": El Alcance Universal de la Gracia
Pablo es claro: nuestro bien debe extenderse a todos. Esto es un eco de las enseñanzas de Jesús, quien dijo que nuestro Padre celestial "hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos" (Mateo 5:45). El amor de Dios no es sectario ni excluyente, y nuestro servicio tampoco debe serlo.
"Hacer bien a todos" significa:
Ser un buen vecino, sin importar la religión del vecino.
Ser un empleado íntegro, aunque el jefe sea injusto.
Ser amable con el cajero del supermercado, el conductor grosero y la persona que nos pide direcciones en la calle.
Practicar la justicia social, alzar la voz por los que no tienen voz, y preocuparnos por los pobres, los marginados y los olvidados de nuestra sociedad.
Nuestra fe no es un club privado; es una fuente de agua viva que debe fluir y bendecir todo el terreno por donde pasa. Cuando hacemos bien a todos, reflejamos el carácter genérico de la gracia de Dios, que invita a todos al arrepentimiento.
IV. "Y mayormente a los de la familia de la fe": La Prioridad del Compromiso
Aquí llegamos al corazón del versículo. Después de ampliar el horizonte a "todos", Pablo establece una prioridad: "mayormente a los de la familia de la fe". Esto no es una contradicción, es una estrategia. Es el principio de la responsabilidad circular.
Así como un hombre tiene la responsabilidad de proveer para su propia familia antes que para la del vecino (1 Timoteo 5:8), el creyente tiene una responsabilidad especial para con sus hermanos en Cristo. La iglesia no es una organización a la que asistimos los domingos; es una familia. Y en una familia, el amor se demuestra de manera tangible.
¿Por qué "mayormente" a ellos?
Por Identidad: Son nuestros hermanos y hermanas, nacidos de nuevo por la misma sangre de Cristo. El vínculo que nos une es más fuerte que cualquier vínculo sanguíneo terrenal.
Por Testimonio: Jesús dijo: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35). Un amor práctico y sacrificial dentro de la iglesia es el evangelio en acción, un cartel de neón que atrae al mundo a preguntar: "¿Qué es esto?".
Por Solidaridad: La iglesia primitiva compartía sus bienes (Hechos 2:44-45). Entendían que si un miembro padecía, todos padecían con él (1 Corintios 12:26). En un mundo hostil, los creyentes necesitan saberse respaldados por una comunidad que los sostiene en medio de la tormenta.
Este "mayormente" no nos exime de hacer bien a los de afuera, sino que nos recuerda que la caridad bien ordenada empieza por casa. Nuestra primera responsabilidad, después de nuestra relación con Dios, es para con nuestra familia espiritual.
V. Aplicación Práctica: ¿Cómo Vivimos Esto Hoy?
Es fácil asentir con la cabeza y decir "Amén" a un devocional. Pero la pregunta de la obediencia es incómoda: ¿Cómo se ve esto en mi vida esta semana?
Examine su agenda: Mire su calendario. ¿Cuánto espacio hay para "hacer bien"? ¿Está tan ocupado con lo urgente que no tiene tiempo para lo importante (las personas)?
Mire a su alrededor en la iglesia: ¿Hay alguien en su congregación que está pasando por una necesidad? Un desempleado, una madre soltera agotada, un anciano solitario, un joven confundido. "Hacer bien" puede ser una comida, una hora de conversación, una ofrenda discreta, o simplemente una presencia silenciosa.
Salga de su burbuja: Al salir de su casa, pídale a Dios: "Señor, muéstrame a quién puedo bendecir hoy". Podría ser el guardia de seguridad, la compañera de trabajo que está triste, o ese familiar con quien tiene una relación tensa. Una palabra amable a tiempo es "hacer bien".
La vida es un suspiro. Las oportunidades son flores que se marchitan. No esperemos a tener "más tiempo" o "más recursos" para amar. Empecemos hoy, con lo que tenemos, donde estamos.
Conclusión
Gálatas 6:10 es un llamado a la acción redimida. Nos libera de la pasividad de una fe que solo cree pero no obra (Santiago 2:17). Nos protege del egoísmo de un amor que solo mira hacia adentro. Y nos desafía a vivir con intencionalidad, sabiendo que cada encuentro, cada conversación y cada necesidad a nuestro alrededor es una oportunidad divina para sembrar una semilla de bien.
Que seamos conocidos no solo por nuestra teología ortodoxa, sino por nuestro amor ortopráctico (correcto en la práctica). Que al final del día, al repasar nuestras horas, podamos ver las huellas del Espíritu guiándonos a hacer el bien, empezando por casa, pero sin olvidar al mundo.
Oración
Amado Padre celestial,
Te damos gracias porque en tu infinito amor nos has adoptado en tu familia. Hoy reconocemos que muchas veces pasamos por alto las oportunidades que pones delante de nosotros. Perdónanos por estar demasiado ocupados, demasiado distraídos o demasiado centrados en nosotros mismos para ver las necesidades de los que nos rodean.
Te pedimos que nos concedas un espíritu de discernimiento para reconocer cada "hoy" como una ventana de gracia. Abre nuestros ojos para ver a los que sufren, nuestros oídos para escuchar los gritos silenciosos de auxilio, y nuestras manos para estar listos a servir.
Ayúdanos a ser generosos con todos, reflejando tu sol y tu lluvia sobre justos e injustos. Pero aviva también nuestro amor por nuestra familia de fe, la iglesia. Haznos instrumentos de consuelo, provisión y ánimo para nuestros hermanos. Que en nuestra comunidad se vea un amor tan tangible que el mundo no pueda negar que somos tus discípulos.
Señor, no nos dejes desperdiciar el tiempo precioso que nos has dado. Que cada oportunidad sea aprovechada para sembrar semillas de bien que, por tu gracia, produzcan una cosecha abundante para tu reino.
Te lo pedimos en el nombre poderoso de Jesús, quien "hizo bien a todos", sanando a los enfermos, alimentando a las multitudes y dando su vida en rescate por muchos. Amén.