"Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios." (Romanos 8:8, RVR60)
Introducción: La cruda realidad de una vida auto-dirigida
En el camino de la fe, a menudo nos enfrentamos a preguntas fundamentales: ¿Estoy viviendo de la manera que Dios quiere? ¿Mis decisiones diarias le son gratas? El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, nos confronta con una verdad que, aunque parezca dura, es profundamente liberadora. En el versículo 8 del capítulo 8, Pablo declara sin rodeos: "Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios."
Esta afirmación no es un simple juicio moralista; es un diagnóstico espiritual. Para entender su peso, debemos despojarnos de la idea de que "vivir según la carne" se refiere únicamente a pecados escandalosos o vicios evidentes. Más bien, se refiere a una esfera de operación: es la vida vivida con recursos humanos, motivada por deseos humanos y con un enfoque puramente terrenal, incluso cuando se disfraza de religiosidad.
I. El Significado de "Vivir según la carne"
Para el apóstol Pablo, la "carne" (sarx en griego) no es simplemente el cuerpo físico. Es la naturaleza humana caída, rebelde a Dios y autosuficiente. Es esa tendencia interna que nos dice: "Yo puedo solo", "Yo merezco esto", o "Mis sentimientos son los que mandan".
Vivir "según la carne" implica:
Autonomía: Tomar decisiones como si Dios no existiera o como si su voluntad fuera opcional.
Sensualidad: Ser gobernados por los impulsos, emociones y deseos inmediatos.
Autosuficiencia espiritual: Intentar ganar el favor de Dios mediante el esfuerzo propio, la ley o el ritualismo vacío, en lugar de depender de Su gracia.
Pablo ya había sentado las bases en Romanos 7:18, admitiendo: "Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien". La carne, por su propia naturaleza, es incapaz de producir algo que verdaderamente agrade a Dios, porque está enemistada con Él (Romanos 8:7).
II. La Incapacidad de la Carne: "No pueden"
La palabra clave en este versículo es "no pueden". No se trata de que no quieran, o de que no lo intenten con suficiente fuerza. Se trata de una incapacidad moral y espiritual absoluta. Es como pedirle a un pez que vuele: no importa cuánto se esfuerce, su naturaleza se lo impide.
La carne opera en una frecuencia diferente a la de Dios. Puede imitar la bondad, puede parecer religiosa, puede incluso hacer obras de caridad, pero si la motivación profunda es el orgullo, el reconocimiento personal o el miedo, eso no es fe, y "sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6).
Este versículo nos quita cualquier esperanza de salvarnos o perfeccionarnos a nosotros mismos. Nos lleva al final de nuestro orgullo y nos estampa esta verdad: por tus propios medios, jamás podrás hacer feliz a Dios.
III. El Anhelo de Dios: Una nueva esfera de vida
Si la noticia es tan sombría, ¿dónde queda la esperanza? La esperanza está en el contexto de Romanos 8. El versículo 8 es la conclusión lógica de los versículos anteriores, pero es la puerta de entrada a la libertad de los versículos posteriores.
Pablo contrasta "vivir según la carne" con "vivir según el Espíritu". Así como la carne tiene una esfera de operación, el Espíritu Santo también la tiene. Y lo que la carne no puede lograr, el Espíritu lo hace posible.
Notemos el contraste inmediato en Romanos 8:9:
"Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros."
La solución no es un esfuerzo sobrehumano para "portarse bien". La solución es una nueva residencia. Si el Espíritu de Dios vive en nosotros, hemos sido trasladados de un reino a otro. Hemos recibido una nueva naturaleza. Ahora, lo que era imposible para la carne (agradar a Dios) se vuelve posible por medio del Espíritu que mora en nosotros.
IV. Aplicación: ¿Cómo sabemos si estamos "Agradando a Dios"?
No se trata de vivir con miedo, preguntándonos si cada pequeño paso está bajo la lupa divina. Se trata de vivir en una relación de dependencia.
Agradar a Dios es el resultado natural de caminar en el Espíritu. Es como la relación de un hijo con un padre amoroso. El hijo no pasa el día preguntando: "¿Lo estoy haciendo bien, papá?". Simplemente confía en su padre, lo ama y, por esa confianza y amor, hace lo que le agrada.
En la práctica, vivir para agradar a Dios significa:
En la tentación: En lugar de ceder al impulso de la carne, respirar hondo y decir: "Espíritu Santo, dame tu salida".
En la duda: En lugar de confiar en mi propio entendimiento, rendir mis pensamientos y decir: "Dios, confío en que tu camino es mejor".
En el servicio: En lugar de buscar el aplauso humano, hacerlo en secreto, sabiendo que el Padre que ve en lo secreto recompensará.
El versículo 8 nos confronta con nuestra impotencia, pero solo para llevarnos a los brazos de Aquel que es nuestro poder. No podemos agradar a Dios en nuestra propia fuerza, pero Cristo vivió la vida que nosotros no pudimos vivir, y ahora, por fe, esa vida fluye en nosotros.
Conclusión
Hoy, si te sientes frustrado porque intentas con todas tus fuerzas agradar a Dios y sientes que fracasas, detente. Reconoce que el esfuerzo humano, por sí solo, "no puede". Deja de luchar en tus propias fuerzas y ríndete a la obra del Espíritu en ti. La vida cristiana no es difícil; es imposible... para la carne. Pero para aquel que ha recibido a Cristo, todo es posible. No se trata de vivir para Dios, sino de dejar que Dios viva a través de ti. Esa es la única vida que realmente le agrada.
Oración Relacionada
Título: Abandonando la carne, caminando en el Espíritu
Amado Padre celestial,
Hoy vengo ante Ti con un corazón humilde, reconociendo que en mi carne no mora el bien. Te doy gracias porque, a través de tu Palabra, me has mostrado la verdad: que mis propios esfuerzos, por más nobles que sean, jamás podrán agradarte si nacen de mi propia suficiencia.
Señor, reconozco que muchas veces he intentado vivir la vida cristiana con mis propias fuerzas, y he terminado frustrado y cansado. Hoy quiero rendir esa batalla en tus manos. Declaro que dependo completamente de tu Espíritu Santo que mora en mí.
Gracias, Jesús, porque Tú viviste la vida perfecta que yo no pude vivir, y porque ahora, por tu gracia, vivo en una nueva esfera. Hoy decido no caminar según la carne, sino según el Espíritu. Que cada pensamiento, cada palabra y cada acción de este día no sean un intento de ganar tu favor, sino el fruto natural de caminar en comunión Contigo.
Espíritu Santo, guíame, corrígeme con amor y lléname de tu poder. Que mi mayor anhelo sea vivir una vida que le sonría a mi Dios, no por mérito propio, sino por el poder de Cristo en mí.
Te lo pido en el nombre supremo de Jesús, mi Salvador y Señor.
Amén.