"Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia." (Proverbios 3:13, RVR60)
El Concepto de la "Bienaventuranza"
En un mundo que grita constantemente dónde encontrar la felicidad, vivimos en una búsqueda perpetua. Nos dicen que la felicidad se encuentra en el próximo logro, en la adquisición de la última tecnología, en la meta financiera alcanzada, o en la relación perfecta. Sin embargo, a menudo, cuando alcanzamos esas metas, la sensación de plenitud es tan efímera como un suspiro. Nos quedamos preguntándonos: "¿Solo es esto?"
El Rey Salomón, el autor de la mayor parte del libro de Proverbios, era un hombre que lo tuvo todo. Tuvo riquezas incalculables, poder sin precedentes, éxito militar, y un harén de mujeres hermosas. Probó todos los placeres que la vida bajo el sol podía ofrecer. Sin embargo, al final de su libro de Eclesiastés, concluye que todo eso era "vanidad y aflicción de espíritu". Pero en Proverbios, nos lega el mapa del tesoro que él mismo encontró después de tantas búsquedas vanas. Y ese mapa comienza con una palabra poderosa: Bienaventurado.
La palabra hebrea original es esher, que significa felicidad, dicha, o la bondad de una vida vivida correctamente. No es una felicidad superficial que depende de las circunstancias, sino un estado profundo del ser, una satisfacción interior que perdura a pesar de las tormentas externas. Y Salomón, con la autoridad de quien lo buscó todo, declara que esa felicidad profunda y duradera no se encuentra en las cosas, sino en una persona: la Sabiduría.
¿Quién es esta Sabiduría?
Para el creyente del Nuevo Pacto, esta sabiduría no es un concepto abstracto o un simple conjunto de conocimientos. Es una persona. El apóstol Pablo revela este misterio en 1 Corintios 1:24: "Cristo, poder de Dios, y sabiduría de Dios". Por lo tanto, hallar la sabiduría es hallar a Cristo. Obtener inteligencia es tener la mente de Cristo (1 Corintios 2:16).
Cuando Salomón escribió este proverbio, inspirado por el Espíritu Santo, estaba profetizando acerca de la verdadera fuente de la bienaventuranza. Nos estaba diciendo que el hombre o la mujer que encuentra a Jesús, y en Él encuentra el perdón, el propósito y el camino a Dios, ha encontrado el tesoro escondido y la perla de gran precio (Mateo 13:44-46).
El Acto de "Hallar"
El versículo dice: "Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría". La palabra "hallar" implica una búsqueda, un esfuerzo, un acto intencional. No es algo que nos tropiece por accidente mientras vivimos nuestra vida distraídos. Es como el que busca un tesoro escondido: excava, busca, y no descansa hasta encontrarlo.
Proverbios 2:4-5 lo describe de manera similar: "Si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros escondidos, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios".
Dios promete que si lo buscamos de todo corazón, lo encontraremos (Jeremías 29:13). Pero esta búsqueda requiere que dejemos de lado nuestras propias definiciones de felicidad y nos sumerjamos en Su Palabra, en la oración, y en una comunión íntima con Él. Es en esa búsqueda constante donde "hallamos" la sabiduría que transforma nuestras vidas.
La Recompensa de la Inteligencia
La segunda parte del versículo habla de "obtener la inteligencia". Esta inteligencia (tebunah en hebreo) no es un coeficiente intelectual alto. Es la capacidad de ver la vida desde la perspectiva de Dios. Es el discernimiento para tomar decisiones sabias, para entender los tiempos, y para caminar por caminos de rectitud.
Cuando tenemos a Cristo (la Sabiduría), recibimos Su mente (la inteligencia). De repente:
El sufrimiento tiene un propósito (Romanos 5:3-5).
La prueba es una oportunidad para desarrollar paciencia (Santiago 1:2-4).
El enemigo puede ser amado (Mateo 5:44).
La debilidad se convierte en un canal para el poder de Dios (2 Corintios 12:9-10).
Esta inteligencia divina nos permite navegar por las complejidades de la vida con una paz que sobrepasa todo entendimiento. Nos libra de las decisiones necias que traen dolor y nos guía a las decisiones justas que traen vida.
Conclusión
La invitación de Proverbios 3:13 es clara: la verdadera felicidad, la bienaventuranza que todos anhelamos, no está en lo que el mundo ofrece, sino en una relación viva y profunda con Jesucristo, la sabiduría de Dios. Hoy, el Espíritu Santo nos llama a ser como el comerciante que, habiendo encontrado una perla de gran precio, fue y vendió todo lo que tenía para comprarla. Vale la pena dejar todo lo demás para obtener a Cristo. Porque en Él, y solo en Él, encontramos la verdadera felicidad, el verdadero descanso y la verdadera vida.
Oración
Padre celestial, gracias por revelarnos que la verdadera bienaventuranza no se encuentra en las cosas pasajeras de este mundo, sino en una relación viva con Cristo, quien es nuestra Sabiduría.
Te pedimos que nos concedas un espíritu de búsqueda incansable. Aparta nuestros ojos de las vanidades y concéntralos en la belleza y la suficiencia de Tu Hijo. Ayúdanos a escudriñar las Escrituras como quien busca un tesoro escondido, para que podamos conocer Tu corazón y Tu voluntad para nuestras vidas.
Danos la inteligencia espiritual para discernir Tu verdad en medio de un mundo de mentiras. Que nuestra mente sea renovada día a día para pensar Tus pensamientos y andar en Tus caminos. Que la paz de Cristo gobierne en nuestros corazones y que la sabiduría que viene de lo alto se manifieste en nuestras decisiones, nuestras palabras y nuestras acciones.
Hoy declaramos que Tú eres nuestro mayor tesoro. En Ti somos verdaderamente bienaventurados.
En el nombre de Jesús, nuestra Sabiduría, Amén.