Zacarías 14:9 (RVR60)
"Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre."
Introducción: La Visión de un Rey que Viene
Hay versículos en la Escritura que son como ventanas abiertas hacia el futuro eterno. Nos permiten vislumbrar, aunque sea de manera parcial, la gloria del mundo venidero. Zacarías 14:9 es uno de esos textos. En una sola frase, el profeta condensa la esperanza más grande de la humanidad: el día en que Dios reinará sobre toda la tierra, sin rivales, sin divisiones, sin rebelión.
Zacarías escribió estas palabras en un momento oscuro de la historia de Israel. El pueblo había regresado del exilio babilónico, pero la gloria de la restauración era pálida comparada con el esplendor del reino de David. El templo reconstruido parecía insignificante frente al de Salomón. Las murallas de Jerusalén aún estaban en ruinas. Los enemigos rodeaban la ciudad. Y en medio de esa fragilidad, Dios levantó a un profeta para anunciar que la historia no terminaría en derrota, sino en victoria; no en caos, sino en un reinado universal de justicia y paz.
Este versículo es una promesa que atraviesa los siglos. Es una declaración de que la historia humana no es un ciclo sin sentido, sino un drama dirigido por Dios hacia un final glorioso. Es la respuesta a la oración que Jesús nos enseñó: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6:10).
I. El Contexto: Un Profeta en Tiempos Difíciles
Para comprender la magnitud de esta promesa, debemos situarnos en el contexto histórico de Zacarías. Su nombre significa "Jehová se acuerda", y ese es precisamente el mensaje central de su profecía: Dios no ha olvidado a su pueblo. A pesar de las apariencias, a pesar de las circunstancias adversas, a pesar de los años de silencio aparente, Dios sigue obrando.
Zacarías profetizó junto a Hageo, animando al pueblo a reconstruir el templo. Pero su visión iba mucho más allá de la reconstrucción física de un edificio. Sus visiones nocturnas y sus oráculos proféticos revelaban el plan eterno de Dios: la venida del Mesías, la salvación de las naciones, y el establecimiento de un reino que nunca tendría fin.
El capítulo 14 es el clímax de su libro. Describe el "día de Jehová", ese día culminante en el que Dios intervendrá de manera decisiva en la historia humana. Será un día de juicio para los impíos y de liberación para los fieles. Será un día en que las naciones se reunirán contra Jerusalén, pero Dios mismo peleará por su pueblo. Y al final de ese día, cuando el polvo de la batalla se asiente, se cumplirá esta promesa: "Jehová será rey sobre toda la tierra."
II. "Jehová Será Rey": El Gobierno Soberano de Dios
La primera declaración de este versículo es una afirmación de la soberanía absoluta de Dios. No dice que Jehová podría ser rey, ni que debería ser rey, ni que esperamos que sea rey. Dice que será rey. Es una certeza absoluta, una promesa irrevocable.
Un Rey que Ya Reina
Aunque la manifestación plena de este reinado aún está por venir, la verdad es que Dios ya reina. El salmista declara: "Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos" (Salmo 103:19). Dios no ha abdicado. No ha perdido el control. No está sorprendido por los acontecimientos del mundo. Él es el Rey soberano que gobierna sobre todas las cosas, desde la caída de un gorrión hasta el ascenso y caída de los imperios.
Daniel lo expresó con claridad cuando interpretó el sueño de Nabucodonosor: "El Altísimo gobierna el reino de los hombres, y a quien él quiere lo da" (Daniel 4:17). Los reyes humanos pueden pensar que controlan sus destinos, pero detrás de cada trono terrenal está el trono eterno de Dios. Él levanta reyes y los derriba. Él establece naciones y las disuelve. Su propósito soberano se cumple a pesar de la rebelión humana.
Un Rey que Será Reconocido Universalmente
Sin embargo, hay una diferencia entre el reinado de facto de Dios y el reconocimiento universal de ese reinado. Actualmente, muchos no reconocen a Dios como Rey. Las naciones se rebelan contra Él. Los individuos viven como si Dios no existiera. La humanidad, en su mayoría, ha rechazado el gobierno de su Creador.
Pero llegará un día en que esto cambiará. Llegará un día en que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor (Filipenses 2:10-11). Llegará un día en que los reinos de este mundo se convertirán en el reino de nuestro Dios y de su Cristo (Apocalipsis 11:15). Llegará un día en que Jehová será reconocido como Rey sobre toda la tierra.
El Rey del Universo
La expresión "toda la tierra" es significativa. No dice "toda Israel" ni "toda la iglesia" ni "todos los creyentes". Dice "toda la tierra". Esto incluye cada nación, cada tribu, cada lengua, cada pueblo. Incluye a los que hoy le adoran y a los que hoy le rechazan. Incluye a los que han muerto y a los que aún vivirán. Incluye el mundo visible y el invisible.
El reinado de Dios no está limitado por fronteras geográficas ni por barreras culturales. No hay rincón del universo donde su autoridad no llegue. No hay ser creado que pueda escapar de su dominio. Él es el Rey de reyes y Señor de señores, y su reino se extenderá por toda la tierra.
III. "En Aquel Día": La Esperanza Escatológica
La frase "en aquel día" nos introduce en el terreno de la escatología, la doctrina de las últimas cosas. Zacarías no está hablando de un cumplimiento inmediato, sino de un evento futuro, culminante, definitivo.
El Día de Jehová
A lo largo de los profetas, encontramos repetidamente referencias al "día de Jehová". Es un día de juicio y salvación, de oscuridad y luz, de ira y misericordia. Para los impíos, será un día de terror; para los justos, un día de liberación.
El profeta Joel lo describió: "El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible" (Joel 2:31). Amós advirtió: "¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz" (Amós 5:18).
Pero para el pueblo de Dios, el día de Jehová es un día de esperanza. Es el día en que Dios intervendrá definitivamente para establecer su reino, para juzgar el mal, para vindicar a sus fieles. Es el día hacia el cual toda la historia se dirige.
La Segunda Venida de Cristo
Los cristianos sabemos que este "día de Jehová" se cumple plenamente en la segunda venida de Jesucristo. Él vino una vez en humildad, como un siervo, para morir por nuestros pecados. Pero vendrá de nuevo en gloria, como Rey, para juzgar a los vivos y a los muertos.
Jesús mismo prometió: "Vendrá el Hijo del Hombre en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus obras" (Mateo 16:27). El ángel anunció en su ascensión: "Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hechos 1:11).
Cuando Jesús regrese, no será para enseñar, sino para reinar. No será para ser juzgado, sino para juzgar. No será para ser coronado con espinas, sino para ser coronado con gloria. Y en ese día, se cumplirá la promesa de Zacarías: Jehová será rey sobre toda la tierra.
La Renovación de Todas las Cosas
El día de Jehová no es solo un evento judicial; es también un evento transformador. La Escritura nos dice que habrá "un cielo nuevo y una tierra nueva, en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3:13). Dios no solo juzgará el mal; también renovará la creación, liberándola de la maldición del pecado.
Pablo escribió: "La creación misma también será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Romanos 8:21). Los desiertos florecerán. Los mares darán su abundancia. Los animales vivirán en paz. Y sobre todo esto, Jehová reinará como Rey.
IV. "Jehová Será Uno": La Unidad de Dios
La segunda declaración de este versículo es igualmente profunda: "Jehová será uno, y uno su nombre." Esta frase tiene múltiples dimensiones de significado.
La Unicidad de Dios
En primer lugar, afirma la unicidad de Dios. A diferencia de las naciones paganas que adoraban a múltiples dioses, Israel adoraba a un solo Dios. El Shema de Israel proclamaba: "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deuteronomio 6:4). Zacarías reafirma esta verdad fundamental: Jehová es uno, no hay otro.
En aquel día, esta verdad será reconocida universalmente. Ya no habrá confusión acerca de quién es Dios. Ya no habrá ídolos ni dioses falsos. Ya no habrá especulación filosófica ni relativismo religioso. Todos sabrán que Jehová es el único Dios verdadero, el Creador del cielo y de la tierra.
La Unidad del Pueblo de Dios
En segundo lugar, esta frase sugiere la unidad del pueblo de Dios. Actualmente, el pueblo de Dios está dividido en múltiples denominaciones, tradiciones y expresiones. Hay divisiones teológicas, culturales y prácticas. Pero en aquel día, todas estas divisiones serán superadas.
Jesús oró por esta unidad: "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17:20-21).
En aquel día, la oración de Jesús será respondida plenamente. Ya no habrá católicos y protestantes, ortodoxos y evangélicos, carismáticos y reformados. Habrá un solo pueblo, un solo rebaño, un solo Pastor. La unidad no será uniformidad, sino armonía; no será la ausencia de diversidad, sino la perfección del amor.
La Unidad de Propósito y Adoración
En tercer lugar, esta frase sugiere la unidad de propósito y adoración. Actualmente, la humanidad está fragmentada en sus lealtades. Algunos adoran al dinero, otros al poder, otros al placer, otros a sí mismos. Pero en aquel día, toda adoración se dirigirá al único Dios verdadero.
"Uno su nombre" significa que no habrá confusión acerca de quién merece nuestra adoración. No habrá rivales. No habrá competencia. No habrá distracciones. Dios será el centro de todo, el objeto único de nuestra devoción.
La Unidad en Cristo
Para los cristianos, esta unidad se cumple en Cristo. Él es el mediador entre Dios y los hombres. Él es el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por Él. En Cristo, todos los creyentes somos uno: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28).
En aquel día, esta realidad espiritual se manifestará visiblemente. La unidad que ahora experimentamos por fe se experimentará por vista. La comunión que ahora disfrutamos parcialmente se disfrutará plenamente.
V. Las Implicaciones del Reinado de Dios
¿Qué significa para nosotros hoy que Jehová será rey sobre toda la tierra? ¿Cómo debe afectar nuestra vida esta verdad?
Esperanza en Medio de la Confusión
Vivimos en un mundo de confusión. Las naciones luchan entre sí. Los líderes políticos prometen soluciones que no cumplen. Las ideologías compiten por la lealtad de las mentes. Las noticias están llenas de violencia, corrupción e injusticia.
En medio de esta confusión, la promesa del reinado de Dios es un ancla de esperanza. Sabemos cómo termina la historia. Sabemos quién tiene el control final. Sabemos que todos los reinos humanos, por poderosos que parezcan, eventualmente caerán, pero el reino de Dios permanecerá para siempre.
Paciencia en Medio de la Persecución
Los creyentes de todo el mundo enfrentan persecución. Son ridiculizados, discriminados, encarcelados e incluso asesinados por su fe. En algunos países, ser cristiano es un delito. En otros, es una sentencia de muerte.
La promesa del reinado de Dios da paciencia en medio de la persecución. Sabemos que nuestra tribulación actual no se compara con la gloria que será revelada en nosotros. Sabemos que aquellos que sufren por causa de la justicia son bienaventurados. Sabemos que el Rey que viene vindicará a sus fieles y juzgará a sus enemigos.
Fidelidad en Medio de la Tentación
Vivimos en un mundo que constantemente nos tienta a comprometer nuestras convicciones. La presión social nos empuja a conformarnos. La cultura nos dice que adaptemos nuestra fe a las normas cambiantes de la sociedad.
La promesa del reinado de Dios nos llama a la fidelidad. Si Jehová es Rey, entonces su voluntad es suprema. Si su reinado es universal, entonces su autoridad no puede ser ignorada. Si un día toda rodilla se doblará ante Él, entonces tiene sentido doblar nuestra rodilla ahora.
Urgencia en la Misión
Si Jehová será rey sobre toda la tierra, entonces la misión de la iglesia es urgente. Debemos proclamar el evangelio a todas las naciones, hacer discípulos de todos los pueblos, ser testigos hasta lo último de la tierra. No porque estemos tratando de establecer el reino por nuestras propias fuerzas, sino porque estamos anunciando el reino que Dios establecerá.
Cada persona que conoce a Cristo, cada alma que se salva, cada vida que se transforma es un anticipo del día en que Jehová será rey sobre toda la tierra. Cada iglesia plantada, cada comunidad transformada, cada cultura redimida es una señal del reino que viene.
VI. El Rey que Ya Está Reinando
Aunque la manifestación plena del reinado de Dios aún está por venir, la verdad es que Cristo ya está reinando en los corazones de sus fieles. Él dijo: "El reino de Dios está entre vosotros" (Lucas 17:21). Su reinado no es solo futuro; es también presente.
El Reino Invisible
Jesús enseñó que el reino de Dios es como una semilla de mostaza: pequeña al principio, pero que crece hasta convertirse en un árbol grande. Es como la levadura: oculta en la masa, pero que transforma toda la masa. El reino de Dios no viene con gran despliegue externo, sino silenciosamente, invisiblemente, transformando corazones y vidas.
Cada vez que un pecador se arrepiente, el reino de Dios avanza. Cada vez que un creyente resiste la tentación, el reino de Dios se manifiesta. Cada vez que una iglesia sirve a su comunidad, el reino de Dios se hace presente. El reinado de Cristo no es solo una promesa futura; es una realidad presente.
El Rey en el Corazón
Si Jehová es Rey, entonces debe ser Rey de nuestra vida. No podemos llamarle "Señor, Señor" y no hacer lo que Él dice. No podemos proclamar su reinado con nuestros labios mientras nuestro corazón está gobernado por otros señores.
¿Quién es el rey de tu vida? ¿Es Cristo? ¿Gobierna Él tus decisiones, tus prioridades, tus relaciones, tus finanzas, tu tiempo? ¿O hay áreas de tu vida donde aún te sientas en el trono?
El día en que Jehová será rey sobre toda la tierra comienza hoy, en tu corazón. Cada área de tu vida que sometes a su señorío es un anticipo de ese día. Cada rebelión que abandonas, cada ídolo que derribas, cada pecado que confiesas es un paso hacia el reinado pleno de Dios en tu vida.
El Rey que Vuelve
Pero no podemos quedarnos solo en el presente. La promesa de Zacarías nos apunta hacia el futuro. Cristo vendrá de nuevo. Esta vez no como un siervo sufriente, sino como un Rey conquistador. Esta vez no para ser rechazado, sino para ser adorado. Esta vez no para morir, sino para reinar.
La pregunta es: ¿Estás listo para ese día? ¿Estás preparado para encontrarte con el Rey? ¿Estás viviendo de tal manera que cuando Él venga, te encuentre fiel?
VII. La Esperanza de Todas las Naciones
La promesa de Zacarías 14:9 no es solo para Israel; es para todas las naciones. El profeta había anunciado anteriormente: "Muchos pueblos y naciones poderosas vendrán a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová" (Zacarías 8:22). La visión de Zacarías es universal.
El Fin de la Idolatría
En aquel día, la idolatría llegará a su fin. Ya no habrá dioses falsos, ídolos de madera y piedra, ni dioses modernos como el dinero, el poder o el placer. Todos reconocerán que solo Jehová es Dios.
Esto debe desafiarnos a examinar nuestras propias vidas. ¿Qué ídolos hemos levantado? ¿Qué cosas hemos puesto en el lugar que solo Dios merece? El día en que Jehová será rey sobre toda la tierra es un llamado a derribar nuestros ídolos ahora.
El Fin de la Guerra
En aquel día, las guerras cesarán. El profeta Miqueas anunció: "Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra" (Miqueas 4:3).
La paz que el mundo busca desesperadamente, pero que no puede alcanzar por sus propios esfuerzos, será establecida por el Rey. No será una paz frágil, basada en tratados y equilibrios de poder. Será una paz duradera, basada en la justicia y el amor.
El Fin del Sufrimiento
En aquel día, el sufrimiento llegará a su fin. Juan describió la nueva Jerusalén: "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apocalipsis 21:4).
El reinado de Dios significa el fin de todo lo que hace sufrir a la humanidad. El fin de la enfermedad, el fin de la pobreza, el fin de la opresión, el fin de la injusticia. El reinado de Dios es la respuesta a todas las oraciones, la satisfacción de todas las esperanzas, el cumplimiento de todas las promesas.
VIII. Viviendo a la Luz del Reinado Venidero
¿Cómo debemos vivir a la luz de esta promesa? ¿Qué diferencia debe hacer en nuestra vida diaria la verdad de que Jehová será rey sobre toda la tierra?
Con Esperanza
Debemos vivir con esperanza. No importa cuán oscuras parezcan las circunstancias, no importa cuán poderosos parezcan los enemigos, no importa cuán lejos parezca el cumplimiento de las promesas. Sabemos cómo termina la historia. Sabemos que Jehová reina. Sabemos que su reino es eterno.
Esta esperanza no es un optimismo ingenuo. No ignoramos la realidad del sufrimiento y el mal. Pero miramos más allá del sufrimiento y el mal hacia el Rey que viene. Vemos el final de la historia, y eso nos da esperanza en medio del presente.
Con Valentía
Debemos vivir con valentía. Si Jehová es Rey, entonces no tenemos nada que temer. Si su reinado es universal, entonces ningún poder en el cielo, en la tierra o debajo de la tierra puede resistirle. Si un día toda rodilla se doblará ante Él, entonces podemos mantenernos firmes ahora, sabiendo que estamos del lado ganador.
Los primeros cristianos enfrentaron persecución, encarcelamiento y muerte con valentía extraordinaria. No temían a los que matan el cuerpo, porque sabían que el Rey que viene tiene poder sobre el alma. Esa misma valentía está disponible para nosotros hoy.
Con Santidad
Debemos vivir con santidad. Si Jehová es Rey, entonces su voluntad es ley. Si su reinado es universal, entonces su autoridad abarca todas las áreas de nuestra vida. No podemos dividir nuestra vida en compartimentos, reservando algunas áreas para Dios y otras para nosotros mismos.
La santidad no es un requisito para ganar el favor de Dios; es una respuesta al favor que ya hemos recibido. Es la manera en que honramos al Rey que nos ha salvado. Es la manera en que anticipamos el día en que toda la tierra estará llena de su gloria.
Con Amor
Debemos vivir con amor. Si Jehová es Rey, entonces todos los seres humanos son súbditos de ese Rey, ya sea que lo reconozcan o no. Todos son creados a su imagen. Todos son objetos de su amor.
El amor al prójimo no es solo un mandamiento; es una consecuencia lógica del reinado de Dios. Si Dios es Rey de todos, entonces todos somos hermanos. Si Dios ama a todos, entonces nosotros también debemos amar a todos.
Con Servicio
Debemos vivir con servicio. El Rey que viene no vino para ser servido, sino para servir. Él dijo: "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Marcos 10:45). Si nuestro Rey es un siervo, entonces nosotros también debemos servir.
Servir no es una opción para los cristianos; es una obligación. No es un extra; es una esencia. El servicio es la manera en que manifestamos el reinado de Cristo en nuestras vidas. Es la manera en que anticipamos el día en que toda la tierra reconocerá su señorío.
IX. La Certeza del Cumplimiento
Podemos estar seguros de que esta promesa se cumplirá. No se basa en la sabiduría humana ni en el poder humano. Se basa en el carácter de Dios.
La Fidelidad de Dios
Dios es fiel. No puede mentir. No puede romper sus promesas. Lo que ha dicho, lo hará. Lo que ha prometido, lo cumplirá. A lo largo de la historia, Dios ha demostrado su fidelidad una y otra vez. Cumplió sus promesas a Abraham, a Isaac, a Jacob. Cumplió sus promesas a David. Cumplió sus promesas acerca del Mesías. Cumplirá también esta promesa.
El Poder de Dios
Dios es poderoso. No hay nada que pueda impedirle cumplir sus propósitos. No hay enemigo demasiado fuerte, no hay obstáculo demasiado grande, no hay circunstancia demasiado difícil. El Dios que creó el universo de la nada puede ciertamente establecer su reino sobre toda la tierra.
El Amor de Dios
Dios es amor. Su promesa de reinar no es solo una cuestión de poder, sino también de amor. Él quiere reinar porque quiere lo mejor para su creación. Él quiere reinar porque quiere liberar a su pueblo del sufrimiento y el pecado. Él quiere reinar porque nos ama con amor eterno.
Conclusión: El Rey que Viene
La historia de la humanidad es la historia de reyes que vienen y van. Imperios que se levantan y caen. Líderes que prometen y fracasan. Pero hay un Rey que viene, un Rey cuyo reino nunca tendrá fin.
Ese Rey es Jesucristo. Él vino una vez, humilde, en un pesebre. Vendrá de nuevo, glorioso, en las nubes. En ese día, se cumplirá la promesa de Zacarías: "Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre."
Hasta ese día, vivimos con esperanza. Vivimos con valentía. Vivimos con santidad. Vivimos con amor. Vivimos con servicio. Porque sabemos que nuestro trabajo en el Señor no es en vano.
Y cuando el Rey venga, cuando toda rodilla se doble y toda lengua confiese, estaremos allí. No como espectadores, sino como participantes. No como súbditos renuentes, sino como hijos amados. No como extraños, sino como ciudadanos del reino eterno.
Ven, Señor Jesús. Establece tu reino. Sé Rey sobre toda la tierra.
Oración
Jehová de los ejércitos, Rey eterno, Soberano del universo,
Te adoro porque Tú eres el Rey que reina sobre toda la tierra. Te alabo porque tu trono está establecido desde la eternidad, y tu reino domina sobre todos. Gracias porque no eres un Rey distante e indiferente, sino un Rey cercano y amoroso, que se interesa por cada detalle de nuestra vida.
Reconozco que muchas veces he vivido como si Tú no fueras Rey. He tomado decisiones sin consultarte. He establecido prioridades sin considerar tu voluntad. He permitido que otros señores ocupen el trono de mi corazón. Perdóname, Señor. Perdóname por las veces que he actuado como si yo fuera el dueño de mi vida, cuando en realidad Tú eres el Rey soberano.
Te pido que establezcas tu reinado en mi corazón de manera plena. Que no haya área de mi vida que no esté sometida a tu señorío. Que mis pensamientos, mis palabras, mis acciones, mis relaciones, mis finanzas, mi tiempo, todo esté bajo tu autoridad. Que pueda decir con sinceridad: "Jehová es mi Rey".
Gracias porque la promesa de tu reinado universal es una fuente inagotable de esperanza. En un mundo lleno de caos y confusión, sé que Tú tienes el control. En un mundo lleno de injusticia y opresión, sé que Tú harás justicia. En un mundo lleno de sufrimiento y dolor, sé que Tú enjugarás toda lágrima.
Ayúdame a vivir a la luz de esta promesa. Que mi vida sea un testimonio de que Tú eres Rey. Que mi esperanza en tu reinado venidero me dé valor para enfrentar las pruebas presentes. Que mi confianza en tu soberanía me dé paz en medio de las tormentas. Que mi amor por Ti me impulse a servirte con todo mi corazón.
Te pido por tu iglesia, Señor. Que sea un anticipo visible de tu reino. Que sea un lugar donde tu amor se manifieste, donde tu verdad se proclame, donde tu justicia se practique. Que sea una luz en medio de las tinieblas, una ciudad sobre un monte que no se puede esconder.
Te pido por las naciones, Señor. Que el evangelio llegue a cada rincón de la tierra. Que personas de toda tribu, lengua y nación conozcan a Jesús como Salvador y Señor. Que se apresure el día en que toda rodilla se doble y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Y mientras esperamos ese día, ayúdanos a ser fieles. Ayúdanos a proclamar tu reino con nuestras palabras y a demostrarlo con nuestras vidas. Ayúdanos a ser embajadores de tu reino en un mundo que aún no te reconoce como Rey.
Ven, Señor Jesús. Establece tu reino. Sé Rey sobre toda la tierra. En aquel día, Jehová será uno, y uno su nombre. Y nosotros estaremos contigo para siempre, adorándote, sirviéndote, amándote por toda la eternidad.
En el nombre del Rey de reyes y Señor de señores, Jesucristo, amén.
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