ANDANDO CON SABIDURÍA EN TIEMPOS MALOS

Efesios 5:15-16 (RVR60)
"Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos."

Introducción: Una advertencia amorosa
El apóstol Pablo, preso en Roma, escribe a la iglesia en Éfeso con un tono que combina la majestuosidad de la teología más profunda (capítulos 1-3) con la urgencia práctica de la vida cristiana cotidiana (capítulos 4-6). En este contexto, las palabras de Efesios 5:15-16 resuenan como un toque de clarín en medio del bullicio de una sociedad pagana. Pablo no habla desde un púlpito cómodo, sino desde las cadenas, y precisamente por eso sus palabras tienen una autoridad inconfundible.

El mandato es claro: "Mirad, pues, con diligencia cómo andéis". La palabra griega usada aquí es blepete, que significa "mirar, observar, estar atento". No es una mirada casual, sino una vigilancia constante, como la de un centinela en la muralla o la de un pastor que cuenta sus ovejas en medio de lobos. Pablo nos llama a examinar nuestro caminar diario con una intencionalidad que no admite distracciones.

El contraste fundamental: Necios versus sabios
Pablo establece una dicotomía radical: no hay término medio. O andamos como necios o andamos como sabios. En el pensamiento bíblico, el "necio" no es simplemente alguien con bajo coeficiente intelectual, sino aquel que vive como si Dios no existiera. El salmista declara: "Dice el necio en su corazón: No hay Dios" (Salmo 14:1). La necedad espiritual es vivir sin referencia a la eternidad, sin considerar que cada paso tiene consecuencias eternas.

Por el contrario, la sabiduría bíblica no es meramente acumular conocimiento, sino vivir en temor reverente del Señor. Proverbios 9:10 nos recuerda: "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría". El sabio es aquel que ha alineado su brújula interior con el norte verdadero de la voluntad de Dios. No se trata de tener todas las respuestas, sino de caminar con Aquel que es la Respuesta.

El corazón del mandato: Aprovechando bien el tiempo
La frase "aprovechando bien el tiempo" es una de las joyas más ricas del Nuevo Testamento. En griego, Pablo usa exagorazomenoi ton kairon, una expresión que proviene del mundo del comercio. Exagorazo significa "comprar fuera del mercado", "rescatar", "redimir". Implica la imagen de un comprador que, al ver algo de gran valor en un mercado corrupto, paga el precio para sacarlo de allí y ponerlo a salvo.

¿Qué es lo que debemos redimir? Ton kairon: el tiempo, pero no el tiempo cronológico (chronos), sino el tiempo oportuno, la coyuntura, la ocasión propicia. Cada momento que Dios nos regala es como una moneda preciosa que debemos invertir sabiamente antes de que pierda su valor. Vivimos en un mercado donde el tiempo se desperdicia, se mata, se ahoga en distracciones y pasatiempos vanos. El creyente es llamado a ser un "comprador estratégico" que rescata las horas, los días, los años de las manos del vacío y los consagra para la eternidad.

Porque los días son malos
La razón que Pablo da es sobria y urgente: "porque los días son malos". No dice "los días pueden ser malos" o "algunos días son malos", sino que los días son malos. Es un diagnóstico de la condición humana en este siglo presente, que yace bajo el poder del maligno (1 Juan 5:19). La maldad no es una excepción, sino la atmósfera en la que respiramos.

Esto no debe llevarnos al pesimismo paralizante, sino a la vigilancia activa. Un médico no niega la enfermedad para tranquilizar al paciente; la reconoce para tratarla. Un soldado no ignora la presencia del enemigo; la sabe y por eso se mantiene alerta. Los días son malos, y precisamente por eso debemos redimirlos. El tiempo no es neutral; está siendo disputado por fuerzas espirituales. Cada minuto que no usamos para la gloria de Dios es un minuto que, por omisión, sirve a otros fines.

Aplicaciones prácticas para el caminar diario
1. La diligencia en lo pequeño
"Mirad con diligencia" implica prestar atención a los detalles aparentemente insignificantes. ¿Cómo uso mis primeras horas de la mañana? ¿Qué pensamientos albergo mientras espero en una fila? ¿Qué conversaciones siembro en la mesa del comedor? La sabiduría se forja en las decisiones microscópicas, no solo en los momentos de crisis.

2. El discernimiento de las oportunidades
Aprovechar el tiempo significa tener ojos para ver lo que Dios está haciendo en cada circunstancia. Una conversación incómoda con un vecino puede ser una puerta abierta para el evangelio. Un atasco de tráfico puede ser una oportunidad para orar. Una noche de insomnio puede convertirse en un salmo. El sabio pregunta constantemente: "Señor, ¿qué quieres que haga con este momento?"

3. La urgencia sin ansiedad
Pablo no llama a una prisa frenética, sino a una intensidad serena. Saber que los días son malos no nos vuelve neuróticos, sino intencionales. Es la diferencia entre correr sin rumbo y caminar con propósito hacia una meta.

4. La comunidad como contexto del caminar
El "andéis" en Efesios 5 es plural. No caminamos solos. La sabiduría se aprende en comunidad, corrigiéndonos mutuamente, animándonos, rindiéndonos cuentas. Un lobo solitario es presa fácil; un rebaño vigilante se protege.

5. La memoria del precio pagado
Redimir el tiempo nos recuerda que alguien más pagó un precio para rescatarnos. Cristo nos compró de la esclavitud del pecado (Gálatas 3:13). Si él dio su vida por nosotros, ¿cómo no daremos nuestros momentos por él?

Una advertencia necesaria
No podemos leer este texto sin sentir su filo cortante. ¿Cuántas horas he desperdiciado en entretenimientos vacuos? ¿Cuántos días he dejado pasar sin preguntarme si estaban siendo redimidos? ¿Cuántas conversaciones eternamente significativas he sacrificado en el altar de lo trivial? El necio no es el que comete grandes crímenes, sino el que vive distraído, dejando que el tiempo se escurra entre sus dedos como agua.

Pero el evangelio no nos deja en la culpa. El mismo Pablo que nos llama a redimir el tiempo es el que escribe: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Romanos 8:1). La gracia no es una excusa para la pereza, sino el combustible para la diligencia. Porque somos amados con un amor eterno, podemos levantarnos cada mañana con la libertad de quienes tienen algo que vale la pena vivir.

Conclusión: La vida como obra de arte
Imaginemos que cada día recibimos un lienzo en blanco, pinturas de colores infinitos y un número determinado de pinceladas. El necio salpica el lienzo sin pensar, dejando que el viento o el azar decidan el resultado. El sabio, con calma pero con determinación, va colocando cada pincelada con intención, sabiendo que al atardecer la obra será presentada al Rey. No se trata de perfección, sino de fidelidad. No se trata de hacer mucho, sino de hacer lo que importa.

Los días son malos, sí. Pero el Dios que reina sobre los días malos es bueno. Y nos ha dado no solo el mandato de redimir el tiempo, sino el ejemplo de Aquel que vivió cada momento perfectamente redimido. Cristo, en sus treinta y tres años, "aprovechó bien el tiempo" como nadie. Y ahora, por su Espíritu, nos capacita para hacer lo mismo.

Así que camina, hermano, hermana. Camina con diligencia. Camina con sabiduría. Porque los días son malos, pero tu Redentor es fiel. Y cada paso dado en él es un paso que la eternidad recordará.

Oración 
Padre Santo y Señor de los tiempos,

Te damos gracias porque tú eres el Dueño de los días y las horas, el que fue, el que es y el que ha de venir. Reconocemos delante de ti que hemos andado como necios muchas veces: hemos desperdiciado minutos preciosos en preocupaciones estériles, hemos dejado pasar oportunidades que nunca volverán, hemos entretenido nuestros corazones con lo que se quema mientras lo eterno esperaba.

Perdónanos, Señor. Límpianos con la sangre de Cristo, que redimió no solo nuestras almas sino también nuestro tiempo. Ayúdanos a mirar con diligencia nuestro caminar cada día. Danos ojos de sabio para ver las coyunturas que tú pones en nuestro camino: la conversación con ese compañero de trabajo, la necesidad silenciosa de ese familiar, la hora de oración que posponemos, el versículo que debemos memorizar, la palabra de aliento que debemos dar.

Señor, los días son malos. Lo vemos en las noticias, lo sentimos en nuestras propias batallas, lo lloramos en relaciones rotas y en esperanzas aplazadas. Pero tú eres más grande que la maldad de los días. Tú eres el que hace nuevas todas las cosas. Enséñanos a comprar el tiempo, a rescatarlo del olvido, a invertirlo en tu Reino.

Dame, Espíritu Santo, una santa inquietud por no dejar pasar un solo día sin haberlo vivido para la gloria de Dios. Que al atardecer de mi vida, pueda decir como el apóstol: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe". Y que mientras tanto, en cada hora pequeña, en cada minuto ordinario, pueda escuchar tu voz susurrando: "Este momento es mío. Vívelo conmigo."

En el nombre poderoso de Jesús, que redimió el tiempo perfectamente, y por quien podemos redimirlo nosotros.

Amén.

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