HECHURA DE DIOS: VIVIENDO EL PROPÓSITO PARA EL QUE FUIMOS CREADOS

"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". Efesios 2:10 (RVR60).

Este versículo nos ofrece una profunda revelación sobre nuestra identidad y propósito en Dios. Nos recuerda que no somos un producto del azar ni de las circunstancias, sino que somos la creación intencionada de Dios, formados por Su mano y redimidos por Su gracia en Cristo Jesús. Esta verdad nos invita a vernos a nosotros mismos y a los demás a través de los ojos de Dios, reconociendo que cada vida tiene un propósito divino y un valor inmenso.

La primera parte del versículo, "Porque somos hechura suya". destaca que Dios es el artesano de nuestras vidas. La palabra "hechura" en el griego original es *poiema*, de donde obtenemos la palabra "poema". Somos la obra maestra de Dios, diseñados con cuidado y esmero, como una obra de arte o una poesía en la que cada línea tiene un propósito y un significado. Esta idea nos recuerda que Dios no comete errores; cada aspecto de nuestra vida ha sido diseñado por Él con un propósito. Nuestra identidad no está definida por nuestras debilidades o fracasos, sino por el hecho de que somos la obra de Sus manos. Dios nos ha formado con intenciones y deseos específicos, y cada detalle de nuestra existencia tiene valor y sentido en Su plan.

La siguiente frase, "creados en Cristo Jesús", nos recuerda que nuestra verdadera identidad y propósito solo se encuentran en Cristo. A través de la obra redentora de Jesús, hemos sido hechos nuevos, transformados de una vida de pecado y oscuridad a una vida de luz y gracia. Fuera de Cristo, podríamos estar perdidos y sin rumbo, pero en Él somos redimidos y renovados. Cristo no solo nos da una nueva identidad, sino también la capacidad de vivir una vida que refleja Su amor y Su verdad. Esta creación en Cristo es la base de nuestra relación con Dios; es la restauración de nuestra comunión con Él, y en esa comunión hallamos el poder y el propósito para vivir.

"Para buenas obras" es una declaración de propósito. No somos creados solo para existir, sino para hacer una diferencia en el mundo a través de las "buenas obras" que Dios ha preparado para nosotros. Estas buenas obras no son el medio para obtener nuestra salvación, sino el resultado de ella. Nuestra vida en Cristo debería dar fruto, y ese fruto se manifiesta en actos de amor, servicio, y compasión hacia los demás. Las buenas obras no son un acto de obligación, sino una expresión de gratitud y obediencia a Dios, y reflejan Su carácter al mundo. Cuando vivimos de esta manera, glorificamos a Dios y mostramos a los demás la realidad de Su amor y poder.

"Las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" revela que el plan de Dios para nosotros no es algo improvisado. Él ya ha preparado el camino y las oportunidades para que podamos cumplir con Su propósito en nuestras vidas. Esto significa que, cada día, tenemos la oportunidad de caminar en los planes que Dios ha diseñado específicamente para nosotros. No necesitamos preocuparnos ni temer, porque Dios ha ordenado nuestro camino. Podemos confiar en que, si nos entregamos a Él, nos guiará hacia las buenas obras que ya ha planeado para nosotros. Esto nos da una gran seguridad: nuestra vida tiene un propósito que trasciende nuestros planes personales o nuestras circunstancias, porque Dios mismo ha preparado nuestra misión y nos ha capacitado para cumplirla.

Este versículo también nos desafía a vivir de manera intencional, buscando cumplir con las buenas obras que Dios nos ha dado. No se trata de vivir de acuerdo con nuestras propias ideas o intereses, sino de buscar Su voluntad y caminar en obediencia. Cuando alineamos nuestra vida con Su propósito, encontramos satisfacción y gozo en el servicio y en la entrega a los demás. Al hacerlo, nuestra vida refleja la gracia y el amor de Dios, y damos testimonio de Su poder y Su bondad. Esta es una invitación a vivir en dependencia de Él, permitiendo que Su Espíritu nos guíe en cada paso, sabiendo que cada acto de bondad y cada obra de amor que realizamos es una respuesta a Su llamado.

Oración:

Señor, gracias porque me has hecho con propósito y valor. Ayúdame a ver mi vida como Tu obra maestra y a vivir de acuerdo con el propósito que tienes para mí. Guíame a andar en las buenas obras que has preparado, y que a través de mi vida, otros puedan ver Tu amor y Tu gracia. Te entrego mis días y mis caminos, confiando en que Tú, que me has creado en Cristo Jesús, me guiarás cada paso. En el nombre de Jesús, amén.

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