Salmo 18:1-2 (RVR60)
“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.”
Este salmo, compuesto por David, surge de un contexto de liberación divina. David había sido librado de la mano de Saúl y de todos sus enemigos. Sus palabras no son una mera expresión poética, sino un testimonio fraguado en el horno de la adversidad. Al comenzar declarando “Te amo, oh Jehová”, David establece que toda su relación con Dios se fundamenta en el amor. No es el amor de una emoción pasajera, sino el amor que nace del reconocimiento profundo del carácter de Dios. Es un amor de respuesta, un amor que ha experimentado la fidelidad divina en medio de la tormenta.
1. La Proclamación Personal: “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.”
David inicia con una declaración íntima y apasionada. En medio de una cultura politeísta, él elige a Jehová. Su fe no es genérica; es personal. Al llamarle “fortaleza mía”, reconoce que toda su resiliencia, su capacidad para mantenerse en pie frente a la persecución, no proviene de su habilidad como guerrero o de su astucia, sino de una fuente divina e inagotable. En nuestras vidas, ¿podemos hacer esta misma declaración? Cuando las fuerzas flaquean, cuando el agotamiento emocional y físico nos vence, Él se revela como la fortaleza que se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9). No es un recurso externo, sino una presencia interior que transforma nuestra fragilidad en oportunidad para que Su poder se manifieste.
2. Las Metáforas de Protección: “Roca mía y castillo mío... mi escudo, y... mi alto refugio.”
David acumula imágenes poderosas para describir lo que Dios significa para él. Cada término encierra una verdad profunda:
Roca: Símbolo de estabilidad, permanencia e inmutabilidad. En un terreno desértico y traicionero, la roca es un lugar seguro, firme. Dios no cambia con nuestras circunstancias; Él es el mismo ayer, hoy y siempre.
Castillo: Lugar de defensa, amparo y estrategia. No solo nos esconde, sino que desde sus almenas podemos ver con perspectiva la batalla. En Él encontramos no solo escape, sino también un punto de observación para entender Sus propósitos.
Escudo: Protección activa en el combate. El escudo se interpone entre nosotros y los dardos del enemigo—la calumnia, el temor, la duda, la condenación. Es una defensa móvil que nos cubre en cada avance.
Alto refugio: Literalmente, un “lugar alto e inaccesible”. Denota elevación por encima del peligro inmediato. Dios no solo nos guarda en el valle, sino que a menudo nos eleva a un lugar de seguridad y perspectiva espiritual desde el cual las amenazas parecen menores.
3. La Declaración de Confianza: “Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré.”
Aquí está el corazón del devocional: la transición del conocimiento a la confianza. David repite “fortaleza mía” para enfatizar. No dice “confiaré si todo sale bien” o “confiaré hasta ciertos límites”. Su confianza es plena, basada en el carácter de Dios, no en los cambios de circunstancias. La palabra “confiaré” implica una decisión continua, un acto de voluntad diario. En un mundo de incertidumbre, nuestra confianza no está en la solidez de nuestros planes, ni en la seguridad económica, ni en la salud, sino en la persona de Dios. Él es digno de confianza porque es fiel.
4. La Afirmación de Salvación: “La fuerza de mi salvación, mi libertador.”
David concluye este binomio de versículos recordando el aspecto más glorioso: Dios es Salvador y Libertador. La salvación aquí no es solo eterna; es también presente y tangible. David había experimentado liberación física, emocional y espiritual. Dios nos librea de nuestros enemigos externos, pero también de las cadenas internas: el pecado, la culpa, el miedo. Él no solo nos rescata; Él es la fuerza misma de esa salvación. Es decir, no solo nos saca del hoyo, sino que nos da el poder para caminar en novedad de vida.
Aplicación para Hoy:
Quizás hoy te sientes acosado por “enemigos” modernos: la ansiedad, la enfermedad, la traición, la soledad, la incertidumbre laboral o familiar. El mensaje de David es atemporal: El Dios que fue su Roca, es tu Roca hoy. Él no ha dejado de ser fortaleza, castillo, escudo. La invitación es a hacer personal estas metáforas. ¿Puedes, en medio de tu situación, declarar “Te amo, oh Jehová”? Es en la adoración, aún antes de ver el cambio, donde encontramos la perspectiva correcta. Luego, como David, elige confiar. Apóyate en la Roca que es firme. Refúgiate en el Castillo que es inexpugnable. Levanta el Escudo de la fe. Permite que Él te eleve a un lugar alto de comunión y seguridad.
Oración
Amado Jehová, Padre celestial,
Te amo con todo mi corazón. Gracias por revelarte en Tu Palabra como mi Fortaleza cuando me siento débil, mi Roca cuando todo a mi alrededor es inestable. Tú eres mi Castillo, mi lugar de seguro amparo, donde el enemigo no puede entrar. Te agradezco por ser mi Escudo, protegiéndome de todo dardo y acusación. Eres la fuerza misma de mi salvación, mi Libertador poderoso.
Hoy, en medio de mis circunstancias, elijo confiar en Ti. Lleva mi mirada hacia arriba, a Tu alto refugio. Enséñame a descansar en Tu firmeza y a amarte aún antes de ver la liberación, porque Tú eres digno de mi amor y confianza sin reservas. Que mi vida, como la de David, sea un testimonio de Tu fidelidad inquebrantable.
En el nombre poderoso de Jesús, mi Salvador y Roca eterna, Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario