LA ALEGRÍA DE UN CORAZÓN SABIO

"Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, también se alegrará el mío corazón, el mío."
(Proverbios 23:15, RVR60)

Este verso, situado en el corazón de la colección de dichos sabios atribuidos al rey Salomón, no es simplemente un consejo aislado. Es una tierna y poderosa revelación del corazón paterno de Dios hacia nosotros, sus hijos. Aquí, la voz de la sabiduría adopta el tono íntimo de un padre hablando a su hijo. No es un mandato frío, sino una confesión emotiva: tu crecimiento en sabiduría es la fuente de mi más profundo gozo.

La sabiduría en la cosmovisión bíblica no es mero conocimiento intelectual o astucia callejera. Es, ante todo, "el temor de Jehová" (Proverbios 1:7). Es la capacidad de ver la vida desde la perspectiva de Dios, de alinear nuestras decisiones, palabras y acciones con Sus principios eternos. Es saber vivir bien. Cuando el texto dice "si tu corazón fuere sabio", apunta al centro mismo de nuestro ser, al lugar desde donde "mana la vida" (Proverbios 4:23). Un corazón sabio es aquel que ha sido moldeado por la verdad divina, que discierne entre lo bueno y lo malo, y que elige el camino de la integridad, la justicia y la prudencia.

La reacción del padre a esta sabiduría es notable: "también se alegrará el mío corazón". Hay una conexión emocional directa entre la conducta del hijo y el estado anímico del padre. Esta es una imagen palpable del corazón de Dios por nosotros. Nuestro Padre Celestial no es un ser distante e impasible. Se deleita en nuestro crecimiento. Cada vez que, guiados por Su Espíritu, elegimos la honestidad en lugar del engaño, la paz en lugar del conflicto insensato, la pureza en lugar de la contaminación, o la fe en lugar del miedo, Su corazón paternal experimenta un gozo genuino. Nuestra búsqueda de sabiduría no es para ganarnos Su amor; es la respuesta que brota de sabernos amados, y esa respuesta se convierte en Su deleite.

Contrastemos esto con la tristeza que debe causarle al Padre un corazón necio. La necedad, en Proverbios, es la terquedad de vivir ignorando a Dios, siguiendo los impulsos del ego y el camino ancho que conduce a la ruina. Cada elección necia no solo nos lastima a nosotros y a otros, sino que apena el corazón de Aquel que nos creó para algo mejor.

Además, el énfasis final —"el mío"— es enfático y personal en el hebreo. No es solo una alegría genérica; es su alegría, una alegría íntima y profunda. Nos recuerda que nuestra relación con Dios es personal. No somos un número en una multitud. Somos hijos individuales cuyo caminar diario impacta el corazón de nuestro Padre.

En un mundo que busca desesperadamente la felicidad en el placer instantáneo, el éxito material o la aprobación de los demás, este versículo redirige nuestra brújula. La meta más elevada no es solo nuestra propia felicidad, sino producir alegría en el corazón de Dios. Y, paradójicamente, es en esa búsqueda donde encontramos la satisfacción más profunda y duradera. Cultivar un corazón sabio, mediante la meditación en Su Palabra, la oración constante y la obediencia amorosa, se convierte en un acto de adoración y amor filial.

Hoy, podemos preguntarnos: ¿Mis decisiones, mis palabras, la dirección de mis pensamientos, están contribuyendo a esa alegría celestial? ¿Estoy nutriendo mi corazón con la sabiduría que viene de lo alto, que es "primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos" (Santiago 3:17)?

Oración

Padre amoroso y sabio,
Te agradezco porque me llamas tu hijo/a y porque tu corazón se conecta con el mío de una manera tan íntima. Reconozco que muchas veces he buscado sabiduría en fuentes vanas y he tomado decisiones necias que, en lugar de alegrarte, deben haberte apenado.

Hoy, con humildad, te pido: crea en mí un corazón sabio. Que el temor reverente a Ti sea el fundamento de todo mi ser. Ilumina mi entendimiento con tu Palabra, para que pueda discernir tu voluntad buena y perfecta. Que cada paso que dé, cada palabra que hable y cada pensamiento que abrigue, sean guiados por tu Espíritu Santo.

Que mi vida sea una fuente de gozo para tu corazón, no por mi propia fuerza, sino porque refleja a Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Que al buscarte a Ti, la Fuente de toda sabiduría, pueda escuchar tu dulce susurro diciendo: "Mi corazón se alegra".
En el nombre de Jesús, el Hijo Sabio en quien tú te deleitas,
Amén.

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