"Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado." — Mateo 3:2 (RVR60)
Estas palabras, pronunciadas por Juan el Bautista en el desierto de Judea, no son una mera sugerencia religiosa, sino un anuncio de una realidad cósmica que cambia el destino. El verbo "arrepentíos" (en griego, metanoeite) implica mucho más que un simple remordimiento emocional. Significa un cambio radical de mente, una transformación profunda de nuestra perspectiva, dirección y lealtad. Es un giro completo de nuestra vida hacia Dios, abandonando los caminos del ego, el pecado y la autosuficiencia.
El desierto, lugar de esta proclamación, es significativo. Es un espacio de despojo, donde lo accesorio desaparece y solo queda lo esencial. Juan no está en el palacio ni en el templo, sino en la austeridad del desierto, recordándonos que el arrepentimiento genuino requiere salir de las comodidades de nuestra vida habitual para enfrentarnos con la verdad desnuda de nuestra condición ante Dios.
Pero el arrepentimiento no se fundamenta en el miedo o en una autoflagelación sin esperanza. Tiene una razón poderosa y positiva: "porque el reino de los cielos se ha acercado." Este es el núcleo del mensaje. El "reino de los cielos" no es un territorio geográfico, sino el gobierno soberano de Dios, su autoridad activa, su voluntad siendo establecida. Es la realidad última, donde Dios reina sin oposición. Y lo crucial es que este reino "se ha acercado." En Jesús, la presencia real y el poder del Reino de Dios irrumpen en la historia humana. La barrera entre lo celestial y lo terrenal se adelgaza. Dios no está distante; ha venido a nuestro encuentro.
El arrepentimiento, por tanto, es la única respuesta adecuada ante la presencia cercana del Rey. Es como la preparación de un camino, allanando las pendientes de nuestro orgullo y rellenando los valles de nuestra indiferencia (Isaías 40:3-4). Es reconocer que hemos vivido como si fuéramos los dueños de nuestro pequeño reino personal, y que ahora debemos rendir nuestras armas y nuestra corona ante el único Soberano legítimo.
Este llamado es urgente. No dice "el reino se acercará algún día," sino que "se ha acercado." Es una realidad inminente que demanda una decisión inmediata. Cada día, el reino de los cielos se acerca a nosotros en la persona de Cristo a través de su Palabra, su Espíritu y su comunidad. La pregunta es: ¿Estamos preparando el camino en nuestro corazón? ¿Estamos dispuestos a quebrantar los ídolos de nuestro afecto, a enderezar lo torcido de nuestras prioridades y a humillarnos bajo su poderosa mano?
El arrepentimiento abre la puerta. Es la clave que nos permite entrar y participar de este Reino que ya está entre nosotros, pero que también espera su consumación final. Es el inicio de una vida bajo un nuevo gobierno, con una nueva ciudadanía, nuevas leyes (el amor) y un nuevo destino (la vida eterna).
Oración
Padre celestial,
ante Tu Palabra reconozco mi necesidad. Muchas veces he vivido construyendo mi propio reino, buscando mi propia gloria y aferrándome a caminos que me alejan de Ti. Gracias porque Tu Reino se ha acercado en Jesús, ofreciéndome gracia y perdón.
Te pido, Espíritu Santo, que ilumines las áreas de mi vida que necesitan el cambio radical del arrepentimiento. Quita de mí el corazón de piedra y dame un corazón de carne, sensible a Tu gobierno. Allana el camino en mi interior: humilla mi orgullo, sana mis heridas, endereza mis intenciones torcidas.
Rindo hoy mi voluntad ante Ti. Quiero vivir como ciudadano de Tu Reino, bajo Tu autoridad y en la plenitud de Tu amor. Que mi vida sea una respuesta constante a Tu llamado, preparándome y anhelando la manifestación completa de Tu Reino. En el nombre de Jesús, el Rey que vino y que viene otra vez. Amén.
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