Salmo 1:1 RVR60
"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado."
Este primer versículo del Salterio presenta un contraste fundamental que marcará el tono de todo el libro de los Salmos: el camino de la bienaventuranza frente al camino de la perdición. La palabra "bienaventurado" (hebreo: "ashré") denota más que una felicidad superficial; indica una dicha profunda, una vida plena y significativa que proviene del favor divino. El salmista comienza revelando el secreto de esta verdadera felicidad mediante una triple negación que señala un proceso progresivo de alejamiento de Dios.
Primera negación: "que no anduvo en consejo de malos"
Aquí encontramos la primera advertencia: no tomar como guía la sabiduría de aquellos cuyos valores están en oposición a los de Dios. El "consejo" representa los principios, las perspectivas y las filosofías que dirigen las decisiones de vida. Los "malos" (en hebreo, "reshaím") son aquellos que deliberadamente eligen el mal, cuya vida carece de fundamento moral divino. El justo reconoce que la fuente de su sabiduría debe ser diferente. No se trata simplemente de evitar acciones malas, sino de no permitir que la cosmovisión del mundo sin Dios moldee nuestro pensamiento. En un mundo saturado de voces que ofrecen direcciones contradictorias, el creyente debe discernir constantemente cuál consejo honra a Dios.
Segunda negación: "ni estuvo en camino de pecadores"
Si el primer paso es rechazar la influencia intelectual, el segundo es evitar la imitación conductual. El "camino" habla de hábitos, patrones de vida y dirección existencial. Los "pecadores" (en hebreo, "jatáím") son aquellos cuyo estilo de vida habitual es la transgresión. Este término enfatiza la acción, no solo la disposición interior. El salmista advierte contra la adopción de modos de vivir que deshonran a Dios, incluso cuando puedan parecer atractivos o socialmente aceptables. Hay una progresión: primero uno escucha el consejo equivocado, luego comienza a transitar por el camino equivocado. La protección del justo es su determinación de no poner sus pies en esa senda, incluso cuando la tentación de desviarse sea fuerte.
Tercera negación: "ni en silla de escarnecedores se ha sentado"
Esta es la etapa final del alejamiento: establecerse cómodamente en la postura de aquellos que no solo pecan, sino que además ridiculizan lo sagrado. La "silla" (o "asiento") representa permanencia, estabilidad, identificación plena. Los "escarnecedores" (en hebreo, "letsím") son los cínicos, los burlones que desprecian activamente los caminos de Dios y se mofan de quienes los siguen. Sentarse en su compañía implica comunión con su espíritu, compartir su actitud de desdén hacia la piedad. Es la etapa más peligrosa, donde el corazón se endurece y la burla reemplaza a la reverencia.
El principio de la separación
Este versículo no promueve un ascetismo que evite todo contacto con no creyentes (pues Jesús mismo comió con pecadores), sino una separación fundamental en cuanto a la fuente de nuestra orientación vital. La bienaventuranza no se encuentra en la mera ausencia de mal, sino en la presencia activa de Dios en nuestras decisiones de dónde buscar sabiduría, cómo caminar y con quién identificarnos.
La vida del justo es descrita por lo que rechaza, porque a veces la santidad comienza con un "no" necesario. Pero los versículos siguientes mostrarán el lado positivo: el deleite en la ley de Dios. Esta triple negación crea el espacio necesario para la afirmación suprema: el amor a la Palabra del Señor.
En nuestra vida cotidiana, este versículo nos desafía a examinar: ¿De quién recibimos consejo? ¿Nuestros pasos siguen patrones piadosos o mundanos? ¿Nos hemos acomodado en actitudes cínicas hacia las cosas de Dios? La bienaventuranza prometida no es un premio distante, sino una realidad presente para quienes eligen conscientemente su compañía, su camino y su postura ante la verdad divina.
Oración:
Señor y Padre celestial,
Te damos gracias por tu Palabra que es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. Reconozco hoy la sabiduría de este salmo que señala el camino de la verdadera bienaventuranza.
Guárdame, oh Dios, de andar en el consejo de los malos. Que mi mente sea renovada por tu verdad y no moldeada por la sabiduría de este mundo. Dame discernimiento para reconocer las voces que me alejan de ti y fortaleza para rechazar filosofías contrarias a tu voluntad.
Preserva mis pasos de transitar por el camino de los pecadores. Aún cuando la senda ancha parezca atractiva, recuérdame que solo tu camino conduce a vida plena. Establece mis pies sobre la roca de tus mandamientos, y que mis hábitos reflejen cada día más el carácter de Cristo.
Y sobre todo, libérame de sentarme en la silla de los escarnecedores. Guarda mi corazón del cinismo y mi lengua de la burla. Que nunca me acomode en actitudes que deshonren tu nombre o menosprecien tu santidad.
En lugar de estas cosas, lléname de hambre y sed de tu justicia. Que mi deleite esté en tu ley, y que en ella medite de día y de noche. Ayúdame a buscar primero tu reino y tu justicia, confiando en que todas las cosas serán añadidas.
Gracias porque la bienaventuranza no es un logro mío, sino un regalo tuyo para quienes caminan contigo. Dirige cada paso que dé hoy, para gloria de tu nombre.
En el nombre de Jesús, Amén.
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