6. LA FE Y EL SUFRIMIENTO

Bienvenida al sexto sermón de la serie “El poder de la fe”, estamos a la mitad para concluir esta serie, y ya estamos viendo cambios en las vidas de muchos que han seguido esta serie desde el principio, y estoy seguro que Dios ha hecho cambios importantes en tu vida desde que estás activando tu fe. Desde un principio dijimos que la fe no proviene de ti mismo, la fe verdadera es un dos de Dios, él es la fuente de nuestra fe. Él te proporcionó la fe y ahora tu responsabilidad es practicarla. No fue tu decisión en adquirir la fe, pero es tu decisión actuar conforme a la fe. En situaciones de pruebas o aflicciones, tú decides si actúas de acuerdo a tus temores y preocupaciones o de acuerdo a la fe que te da seguridad y tranquilidad.

No es una casualidad que estos mensajes lleguen a tu vida, en las condiciones sociales y económicas en que vivimos, ha provocado en la gente renunciar a sus sueños, en tener una actitud pesimista del futuro, una autoestima baja, ausencia de aspiraciones en la vida. La crisis económica genera incertidumbre, desánimo. La delincuencia organizada y sofisticada, genera inseguridad, temor, desconfianza, paranoia.

Qué requiere el ser humano antes estas situaciones de vida, cómo enfrentar estas condiciones que nos producen dolor y sufrimiento. ¿Qué respuesta tenemos ante estas condiciones de vida? Una vez alguien dijo: “la vida es un sufrimiento”, desde de que nacemos hasta la muerte hay sufrimiento. Benjamín Franklin dijo: “lo bueno siempre es doloroso”. Las mujeres que dan a luz un bebé, primero sufren y después se alegran de su hijo. Un estudiante que además de estudiar su carrera, también trabaja, y sufre porque a veces su trabajo le impide realizar todos sus trabajo o hacer investigaciones, pero al final de su carrera encuentra la satisfacción de graduarse con honores.

Si te das cuenta, el sufrimiento aparece en diversas circunstancias de la vida, en la mayoría de las ocasiones, aparece sin que lo planees, cualquier desequilibrio o cambio provoca el sufrimiento. En cada una de las dimensiones de sufrimiento existe una provisión especial de gracia que Dios nos ofrece, gracia que capacita al creyente a vencer el sufrimiento en lugar de ser víctima del mismo.

Para empezar, es importante discernir entre vencer y ser víctima. Dios nos ayuda cuando somos víctimas, pues su amor alcanza a todos los que de una manera u otra nos afectamos por el sufrimiento. Sin embargo, la Biblia no da razón alguna para creer que Dios quiere que seamos algo menos que vencedores en cualquier circunstancia.

En este estudio repasaremos las enseñanzas bíblicas sobre el sufrimiento. Primero, pensemos juntos en las tres áreas de la vida donde la Biblia revela que los creyentes sufrirán:

  1. El sufrimiento por la persecución.

Sufrimiento tiene varias acepciones en griego y con sus respectivas concepciones como pathema: estar sometido a, por ejemplo: dificultad o dolor; subjetivamente: emoción o influencia: se traduce como afección, aflicción, dolor, padecimiento. Pathos: apropiadamente, sufrimiento («pathos»), por ejemplo (subjetivamente) una pasión; se traduce como (desordenado) afección, lascivia. Pascho: tener una sensación o impresión (generalmente dolorosa): se traduce como sentir, pasión, sufrimiento, vejación. Sumpascho: experimentar dolor con o del mismo tipo (específicamente, persecución; «simpatizar»): se traduce como sufrir con.

Uno de los sufrimientos que vivimos los creyentes en Cristo es la persecución, el rechazo o vituperio por la fe verdadera. Los que son rechazados por la fe sienten sufrimiento porque son excluidos de la vida social o de los beneficios públicos, y también sufren por la agresión hacia sus personas, familiares y bienes. Este tipo de violencia es lo que genera sufrimiento.

La persecución es un riesgo que todo cristiano debe estar dispuesto a pasar, el verdadero discipulado corre el riesgo de ser rechazado por la fe en Cristo, de que alguien se burle de ti, o minimice tus principios cristianos y bíblicos, te critiquen de religioso, te comparen con los grupos fanáticos que satanizan todo lo que les rodea o simplemente te vean como un ignorante; es algo que de la Biblia ya lo anticipó que iba a suceder, en 2 Timoteo 3.12 Así mismo serán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa en Cristo Jesús.

Cuando Pablo escribió a Timoteo, a quién había dejado en Éfeso para pastorear la iglesia creciente, ordenó al joven a ser fuerte frente a la persecución. En el contexto del pasaje, se nos recuerda el precio que pagó Pablo por predicar el evangelio. Tal como le escribió a Timoteo, hasta el día de hoy a todos se nos enseña que los creyentes encontraremos resistencia cuando encauzamos nuestra vida en un orden divino. Porque el mundo y Satanás no acepta una vida santa, odio todo lo puro y lo bueno, lo de buen nombre, lo eterno, están en contra no de ti, sino de Dios, del Evangelio, de la Palabra, del sacrificio de Cristo en la cruz.

En la persecución se entiende la acción implacable de un enemigo, alguien que lo persigue y no se rinde. El texto de arriba  se usa a menudo para advertir a los creyentes de la persecución que sufrirán al seguir a Cristo. Sin embargo, el apóstol Pablo es un ejemplo para todo creyente que enfrenta persecución: Si sufres persecución por tu fe y por tu vida santa, ¡Jesús mismo te librará! de sufrir persecución por el evangelio. 1 Pedro 4:15-16  Pero si alguien sufre por ser cristiano, que no se avergüence, sino que alabe a Dios por llevar el nombre de Cristo.

  1. El sufrimiento por la naturaleza caída.

Otras de las causas por las que sufrimos los creyentes en Cristo y el resto de la humanidad es por causa de nuestra propia naturaleza pecaminosa. Todo el género humano nacemos con el pecado que nos heredaron nuestros primeros padres. Por naturaleza misma cometemos pecado. El pecado no sólo tiene que ver con aspectos morales o éticos, tienen que ver en el ámbito de la política, la economía, la cultura. Por ahora me enfocaré a nuestra propia naturaleza ética.

La psicología dice que ninguno de nosotros llegamos al mundo dispuestos a ajustarnos a las reglas y a obedecer todos los preceptos, desde pequeños comenzamos un proceso de crianza que significa en pocas palabras, proceso de socialización y civilidad, porque por naturaleza somos anárquicos y egocéntricos. Desde bebés, los seres humanos son anárquicos y egocéntricos, no estamos dispuestos a sujetar nuestro espíritu; luego viene el freno impuesto por nuestros padres quienes se encargan de bajar nuestra sublimación y indicarnos que necesitamos límites a nuestras demandas y exigencias.

El gran psicoanalista S. Freud decía que nuestra estructura psicológica se compone de tres elementos: el ello, son los deseos, impulsos, desbalances, lo que genera la anarquía y la sublimación de nuestro yo para hacer lo que queramos; el superyó, es la moral, la conciencia, las reglas sociales impuesta por los padres y sociedad y representa el freno para no dar rienda suelta al ello; y el yo, es el balance, donde se logra satisfacer las necesidades físicas (hambre, sueño, sed, sexo). Así que en nosotros mismos existe una lucha entre el bien y el mal, y en la mayoría de las ocasiones vence el mal.

Cuando nos gana nuestra humanidad corrompida o actuamos de acuerdo al ello, comenzamos a sufrir las consecuencias del pecado; alguien que comete corrupción en su trabajo y luego es descubierto, sufrirá las consecuencias de su maldad; alguien que comete adulterio y luego es descubierto, sufrirá las consecuencias de desintegrar a su familia, de vivir lejos de sus hijos, de perder la confianza de su pareja; por eso hasta donde sea posible, por medio de la fe, podemos evitar este sufrimiento. 1 Pedro 2:11–17. Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo, que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida. Nota cómo Pedro se dirige a nosotros como «peregrinos» de la fe y nos alienta a armarnos en nuestra mente para la batalla contra el pecado. Aunque este pasaje también está vinculado con la persecución, la exhortación de Pedro trata directamente con el sufrimiento que enfrentamos por haber elegido vivir de manera diferente que antes de venir a Cristo. Esa es la diferencia, el sufrimiento de la persecución la puedes soportar por medio de la fe, pero el sufrimiento por el pecado, lo puedes evitar si actúas conforme a la fe.

Este pasaje describe el sufrimiento que enfrentaremos al lidiar con nuestra caída naturaleza humana. Este sufrimiento viene en dos formas: interna y externa. La tentación nos llega de la misma manera en que el enemigo se apareció ante nuestro Señor Jesucristo (Lucas 4.1–13). Pero todos tenemos una naturaleza caída que nos acosa, aun cuando no experimentemos ningún estímulo externo hacia el pecado: una "vida propia" con la capacidad total de asaltarnos, ¡y a veces hasta de mostrarse como el tentador mismo!

Pero su resistes hay una promesa en  Santiago 1.12–15 Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman. Que nadie, al ser tentado, diga: «Es Dios quien me tienta.» Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.

Tentación (peirazo) significa: probar (objetivamente), por ejemplo: esforzarse, escrutar, inducir, disciplinar: se traduce como ensayar, examinar, intentar, tentar, tratar. Siempre serás tentado no porque Dios quiere que caigas, sino para que refuerces tu sistema de confianza en él, porque si confías en las promesas de Dios, serás prosperado, serás bendecido, serás engrandecido, pero si caes, sufrirás las consecuencias de tu carne. Dios no castiga, pero deja que te embarres de tu maldad.

En cada paso de tu vida siempre habrá tentaciones, están a la orden del día, pero también en esto hay una promesa, 1 Corintios 10:13 Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir. Esta promesa llena de poder permite a todo creyente tener confianza en la lucha contra la tentación.

No le llegará tentación a menos que tú tengas la facultad de encararla correctamente. Como un padre amado que no dejaría a su niño andar en bicicleta antes de aprender a caminar, tu Señor no te permitiría enfrentarse con tentaciones que están fuera del límite de sus capacidades. Él te dará la capacidad para manejar y resistir la tentación por medio del poder de la fe, nunca por medio de tus habilidades, siempre con el poder de la fe.

Esta es una promesa poderosa. Empero, aunque ofrece un escape, también implica que no hay cómo escapar al sufrimiento que viene de lidiar con la tentación. ¿Cómo deberías prepararte para enfrentar este tipo de sufrimientos? Sólo por medio del poder de la fe.

  1. El sufrimiento por un mundo sin Dios.

Decíamos al principio que vivimos en un mundo que rechaza la Palabra de Dios y como tal, el estilo de vida social está alejado del poder de Dios y de su voluntad. Un mundo sin Dios genera problemas económicos como modelos que excluyen a las mayorías de los recursos. El sistema económico actual en el mundo enriquece más al rico y empobrece más al pobre, el desempleo y la falta de oportunidades para recibir educación provocan desigualdad social, corrupción, delincuencia, inseguridad, familias desintegradas.

La corrupción en los sistemas gubernamentales, la mala impartición de la injusticia donde se castiga a buenos y se libera a los malvados, los jueces que se venden al mejor postor, los funcionarios que hacen negocios personales para obtener ganancias ilícitas, la libre acción del narcotráfico protegido por la misma policía ejército, el tráfico de influencias, los sueldos exuberantes de los funcionarios sin mencionar sus bonos y beneficios extras. Estas condiciones del mundo caído, también genera sufrimiento, el apóstol Pablo describe al mundo caído como corrupción o frustración. Romanos 8.19–21 La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Es un desafío estar expuestos al sufrimiento mientras vivamos en un mundo en decadencia y de corrupción porque el vivir bajo los principios bíblicos y los valores del Evangelio es exponerse a los ataques del mundo caído y su rechazo. Esto mismo le manifestó Pablo a la iglesia en Roma (Romanos 8.18–25): toda la creación gime a una y nosotros gemimos con ella, aguardando aquel día en que seremos liberados para siempre en la aparición de Cristo. Pero no debemos tomar la palabra "gemido" como si nos entregáramos a la derrota por medio del sufrimiento.

¡Nunca! El creyente que perdura en la vida en un planeta caído puede aferrarse a las promesas de Dios por medio del poder de la fe. A partir de nuestra experiencia de sufrimiento, al lidiar con toda la realidad del efecto del pecado, el Espíritu de Dios nos da poder en la fe para llevar una vida de victoria, siendo vencedores en todo lo que hagamos y extendiendo esa vida de victoria a todos los que el Señor nos pone en el camino.

Fuente: Pastor Alberto Arenas Mondragón

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