8. CÓMO HABLAR EL LENGUAJE DE LA FE

Bienvenidos al sermón número ocho de la serie “El poder de la fe”. En esta ocasión desarrollaremos el uso del lenguaje de la fe. El lenguaje es visto como un instrumento de la capacidad intelectual y afectiva de la persona, lo que indica que el conocimiento lingüístico que el niño posee depende de su conocimiento del mundo. Se dan aspectos en la lingüística del niño desde el nacimiento:

  • El prelenguaje es un sistema de comunicación rudimentario que aparece en el lenguaje de los bebés y que constituye la base de la adquisición de este. Se da a través y mediante un conjunto de cualidades necesarias para que el bebé pueda adquirir el lenguaje, y constituyen capacidades neurofisiológicas y psicológicas entre las que destacan percepción, motricidad, imitación y memoria.
  • El lenguaje es una capacidad o facultad extremadamente desarrollada en el ser humano; un sistema de comunicación más especializado que los de otras especies animales, a la vez fisiológico y psíquico, que pertenece tanto al dominio individual como al social y que nos capacita para abstraer, conceptualizar y comunicar. Según Ferdinand Saussure, en el lenguaje humano estructurado debe diferenciarse entre lengua y habla:

a) Lengua: llamada también idioma, especialmente para usos extralingüísticos. Es un modelo general y constante para todos los miembros de una colectividad lingüística. Los humanos crean un número infinito de comunicaciones a partir de un número finito de elementos, por ejemplo a través de esquemas o mapas conceptuales. La representación de dicha capacidad es lo que se conoce como lengua, es decir el código. Una definición convencional de lengua es la de "signos lingüísticos que sirve a los miembros de una comunidad de hablantes para comunicarse".

b) Habla: materialización o recreación momentánea de ese modelo en cada miembro de la colectividad lingüística. Es un acto individual y voluntario en el que a través de actos de fonación y escritura, el hablante utiliza la lengua para comunicarse. Son las diversas manifestaciones de habla las que hacen evolucionar a la lengua.

Esto nos dice que no podemos prescindir del lenguaje, en todo momento usamos un código de comunicación. Existen diversos tipos de lenguajes, pero hablaremos uno muy peculiar que no cualquiera habla, sólo los que han tenido una experiencia de fe. Las Escrituras que resaltan la importancia del lenguaje de la fe. Tal como hay un cierto sonido para la duda y el temor, también hay un sonido claro para la fe. ¡Los que creen se distinguen por cómo hablan! A menudo hablan con un lenguaje muy particular, el de la fe.

Debemos considerar tres grandes aspectos que caracterizan el lenguaje de la fe:

  1. El lenguaje de la fe no crea una falsa realidad.

A veces los que escuchan la palabra «fe» piensan que esta es una manera de negar la realidad que a todo mundo le consta, como si se tratar de un leguaje de fanáticos, como aquellos que predican que el mundo se va acabar o los que piensan que Dios habló a sus vidas más allá de las Escrituras. Existen lenguajes religiosos que desvirtúan la realidad y la verdad.

Por ejemplo, el lenguaje de la fe no niega la existencia de la enfermedad, no niega las carencias económicas, no niega los problemas o conflictos que se presentan; así como ni ninguna otra cosa como la bajeza humana o la maldición que ha caído sobre el hombre como consecuencia del primer pecado. Los lenguajes religiosos se caracterizan por evadir la realidad y el mundo caído, argumentando que nuestro objetivo no está en la tierra, que no pertenecemos a esta sociedad.

Por otro lado, el lenguaje de la fe no es un lenguaje de «pretensiones», como si sólo pronunciando ciertas palabras mágicas, pudiéramos salir de la pobreza, la enfermedad, el divorcio o cualquier otro problema que vemos o enfrentamos. Tú no puedes, y la fe verdadera no se trata de eso.

Pero hay una manera especial de responder en fe a la realidad. Cuando lo haces, ¡hablarás de cierta manera! Tu lenguaje empleará palabras de fe. En vez de rendirse a la realidad de la circunstancia, la fe hablará de la voluntad del Señor para ese momento. En vez de ahondar en los síntomas de la realidad, la fe meditará en las promesas de Dios. En vez de someterte a la derrota o al desánimo, la fe dará alabanza a Dios por su bondad.

Hablar en fe no es practicar el arte de hacer caso omiso a la realidad, sino expresar con confianza lo que Dios ha prometido hacer con nuestra realidad. En el lenguaje de la fe, hablarás de cosas positivas a partir de una realidad negativa, no disfraza las causas y consecuencias, le da un sentido nuevo, positivo, de bendición, porque encima de la realidad crítica, está el lenguaje de esperanza, de bendición, en medio de la maldición. El autor de una libro de máxima sabiduría dice, Proverbios 10:32 Los labios del justo dan a conocer lo agradable, Pero la boca de los impíos, lo perverso. La realidad en que vivimos corrompe a las personas, los aliena. Cuando escuchas a hablar a las personas en la calle, por lo general hablan con maldiciones, obedecen a una realidad.

El lenguaje de la fe no es un lenguaje de “mochos”, de puritanos, es un lenguaje que bendice y nunca maldice, construye para la vida sobre la realidad de muerte; edifica sobre las ruinas de destrucción. La gente que maldice es porque su corazón atesora maldición, por eso su lenguaje responde a esa realidad maldecida. En lenguaje de la fe es positivo, es agradable, de buenas noticias en medio de sinsabores. En el lenguaje de la fe se manifiesta en el corazón regenerado, donde los labios del justo darán a conocer lo agradable, lo positivo, lo de bendición.

  1. El lenguaje de la fe habla para la vida.

Podemos mostrar que el pensamiento negativo es la causa de muchos fracasos, pero hablar del pensamiento positivo no es lo mismo que hablar en «fe». El lenguaje de la fe, sea positivo o negativo, habla la Palabra de Dios, la Palabra siempre es vida, Dios siempre tiene Palabras de vida. Hablar en fe es utilizar las promesas de Dios, esas promesas siempre son vida y respiro para los creyentes, no sólo las buenas intenciones del hombre. Hablar positivamente es muy bueno, pero el lenguaje de la fe accede al trono de Dios, accede a la vida. Hablar positivamente puede mover a muchos, pero no mueve la mano de Dios ni la vida.

El que genera la vida, es el mismo soplo de la existencia de todo lo que respira: el Espíritu Santo, es el portador de la vida. La fe es el don del Espíritu, el que usa el lenguaje de la fe, habla de la vida. El Espíritu Santo es el Espíritu de fe y de gracia, no de «obras». Él da fe viva, dinámica. No hay nada más superficial que una apariencia de fe sin la sustancia dada por el Espíritu Santo.

Piensa en lo siguiente: Uno de los peligros graves a la vida de fe es el legalismo. Proverbios 15:4 La lengua amable es un árbol de vida; la lengua perversa hace daño al espíritu. Este es el intento humano de reducir la gracia de Dios a un tipo de conducta que no requiere la obra dinámica del Espíritu Santo. Dondequiera que Pablo predicaba, los judaizados lo perseguían. Su preocupación más grave era que los nuevos creyentes cayeran en la trampa de lo que él llamaba «otro evangelio diferente» (Gálatas 1.6–9). Si no opera en nosotros el poder cálido, amoroso y vital del Espíritu Santo, aun la fe expresada con convicción puede volverse «otro evangelio diferente» hundido en los vestigios de la tradición religiosa.

Proverbios 18:21  La muerte y la vida están en poder de la lengua; Y el que la ama comerá de sus frutos. Cuando se trata del lenguaje de la fe, cada uno de nosotros necesita un tratamiento profundo del Espíritu, para que de la abundancia del corazón, hablemos palabras de fe (Mateo 12:34).

Poder, yad. Traducido casi exclusivamente como «mano», «en tu mano», indicando poder, medios, fuente y dirección. ¡El aspecto figurativo del lenguaje hebreo dibuja una lengua con una mano! La lengua puede «agarrar» la vida y la muerte. Las palabras que usas pueden retener o liberar poderes vinculados con la vida y la muerte. La expresión «sus frutos» indica que la palabra hablada es semejante a la semilla. Las palabras plantadas mediante el poder del habla son como plantas que llevan fruto y dan vida o muerte, dependiendo de lo que se haya hablado.

El lenguaje de la fe al hablar de la vida, te beneficia en obtener el lenguaje de la sabiduría. Proverbios 3:13 Dichoso el que haya sabiduría, el que adquiere inteligencia. Revela lo que la sabiduría divina (su Palabra) enseña a nuestros corazones verdades y promesas que deben reflejarse en nuestra conversación y transmitir esas enseñanzas a nuestros labios. La Palabra en nuestros corazones debe influir sobre nuestra conducta y conversación. La «dulzura» y la «medicina» que tales palabras promueven son deseables, ya sea para nuestras relaciones humanas o para la recepción de la gracia divina en nuestro diario vivir. Llevan al creyente a una vida victoriosa a través del reconocimiento del poder y la fortaleza de Dios, tanto con nuestras acciones como con nuestros labios.

Después de entender que el lenguaje de la fe no niega la realidad y que habla para la vida, ¿cómo puedes ponerlas por obra en tu propia vida? ¿Existe la posibilidad de que las palabras que pronuncias sean semillas, así como la Palabra de Dios es semilla? ¿Existen ocasiones en que debes usar tus propias palabras para hacer guerra? O, ¿puedes expresar palabras que sean usadas para el lavamiento y la purificación? Por supuesto que la respuesta es «sí». Pero esto sólo es posible en la medida en que estés dispuesto a dejar que la palabra de Dios se convierta en el patrón de tus propias palabras.

  1. El lenguaje de la fe es hablar de lo que Dios sigue haciendo en nuestras vidas.

El lenguaje de la fe es testimonial, porque da testimonio de lo que Dios hizo y hace en nuestras vidas. Al poner en práctica el lenguaje de la fe debes considerar y hacer memoria de todo lo que Dios te ha provisto sobre todo en los momentos de escases; hacer memoria de cuántas veces  te libró de peligros; hacer memoria de cuántas veces te ha bendecido; te ha salvado, te ha guiado, te ha orientado; de todo debes de hablar como respuesta inmutable a las circunstancias presentes. Dice el Salmo 77:11-12 Acordarme de las obras de JAH: Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Y meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos.

Una de las grandes enseñanzas de Jesús acerca del poder del habla se encuentra en  Marcos 11:23–24 Tengan fe en Dios —respondió Jesús—. Les aseguro que si alguno le dice a este monte: “Quítate de ahí y tírate al mar”, creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá. Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.

«De los propios labios de Jesús recibimos la más directa y práctica instrucción concerniente al ejercicio del lenguaje de la fe. Considera estos tres puntos: 1) Tu fe debe depositarse «en Dios». La fe te debe expresar antemano y no la fe que se busca. El Todopoderoso es la fuente y la base de tu fe y de tu ser. La fe fluye sólo hacia Él, debido a que la fidelidad fluye directamente de Él. 2) La fe no es una treta que haces con los labios, sino una expresión que brota de la convicción de tu corazón. No es bíblica la idea de que la confesión de fe es una “fórmula” para conseguir cosas de Dios. Lo que Jesús nos enseña es que la fe que hay en tu corazón debe expresarse, lo que la convierte en algo activo y eficaz, que produce resultados concretos. 3) Las palabras de Jesús: “Todo lo que pidas”, extienden este principio a todos los aspectos de nuestra vida. Las únicas restricciones son: (a) que nuestra fe esté puesta “en Dios”, nuestro Padre viviente en concordancia con su voluntad y palabra; y (b) “que creamos” en nuestros corazones y no dudemos. Así, decir “al monte” no es un ejercicio vano o supersticioso, sino más bien una forma de invocar la promesa de la palabra creadora de Dios» 

Puesto que tú tomas la fe en serio y deseas aprender el lenguaje de la fe, querrás prestar atención especial a la conexión entre el hablar que mueve montañas y la fe que echa fuera el pecado. Tal como lo hemos visto, ¡Jesús habló del lenguaje de la fe de las dos maneras!

Fuente: Pastor Alberto Arenas Mondragón.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

aaaaaaaaaaayyyyyyyyyyy que interesante pero esque esta muy largo jjjjjjjjjjjj

Noemi dijo...

Bendiciones hermanos, les visito nuevamente desde mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com

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