LA JUSTICIA QUE SÍ ALCANZA

"Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree." (Romanos 10:4, RVR60)

Introducción: La Pesada Carga del "Hacer"

Imagina por un momento que decides escalar una montaña cuyo pico se pierde en las nubes. La cumbre representa la perfección moral y espiritual que exige Dios: ser justo, santo e intachable. Comienzas tu ascenso con entusiasmo, cargando una mochila llena de reglas, mandamientos, tradiciones y buenas intenciones. Cada paso es un "no debo", cada agarre es un "debo hacer". Pero a medida que subes, el aire se vuelve más fino, la pendiente más empinada, y te das cuenta de que por más que te esfuerces, la cima no se acerca. Al contrario, una grieta en la roca te hace resbalar una y otra vez.

Esa montaña es la Ley. Y Pablo, en Romanos 10:4, viene a decirnos algo revolucionario, algo que suena a liberación: "El fin de la ley es Cristo".

Desarrollo: ¿Qué significa "el fin de la ley"?

La palabra griega usada aquí es telos, que no solo significa "terminación" o "cese", sino también "meta", "propósito" u "objetivo final". Por lo tanto, el versículo tiene una doble profundidad que debemos abrazar:

Cristo es la meta de la ley: Toda la Ley (los mandamientos morales, ceremoniales y civiles del Antiguo Testamento) era como un mapa o una sombra que apuntaba hacia alguien. Los sacrificios de animales señalaban al Cordero de Dios; el sumo sacerdote señalaba al Mediador perfecto; el día de reposo señalaba el descanso eterno en Él. La Ley era el camino de señales que conducía a Jesús. Si intentas quedarte con las señales, jamás llegarás al destino. El destino es Cristo.

Cristo es el fin del esfuerzo humano por justificarse: La Ley exigía: "Haz esto y vivirás". Pero el problema no era la Ley (ella es santa, justa y buena), sino nuestra carne débil. El pecado nos imposibilita cumplirla perfectamente. Por eso, la Ley, lejos de salvarnos, nos condena, porque nos muestra nuestra incapacidad. Pero cuando Cristo llega, Él declara: "Consumado es". Él cumplió cada "jota y tilde" de la Ley por nosotros. Vivió la vida perfecta que nosotros no pudimos vivir y murió la muerte que nosotros merecíamos. Así, la Ley ya no tiene poder de condenación sobre el que cree. Su exigencia ha sido satisfecha plenamente en Cristo.

Aplicación: "Para justicia a todo aquel que cree"

Aquí está la parte más hermosa y aterradora: la justicia (esa posición de estar bien con Dios, limpios, aceptados) ya no se obtiene haciendo, sino recibiendo. Es "para todo aquel que cree". Esto nivela el terreno. No importa tu historial religioso, tus caídas, tus logros morales o tu educación teológica. La justicia de Dios está disponible como un regalo envuelto en la fe.

Muchos cristianos viven como si Romanos 10:4 no existiera. Intentan añadir algo a Cristo: "Creo en Jesús, pero también debo... guardar ciertas reglas, cumplir con ciertas tradiciones, sufrir lo suficiente para merecer el perdón". Al hacer eso, están resucitando una montaña que Cristo ya aplanó. Están volviendo a ponerse la pesada mochila de la Ley, insinuando que la muerte de Jesús fue insuficiente.

Cuando entiendes que Cristo es el telos de la Ley, tu vida cambia radicalmente:

Ya no obedeces a Dios para ser amado, sino porque ya eres amado en Cristo.

Ya no sirves para ganar puntos, sino para agradecer la gracia.

Ya no temes al castigo, porque la sentencia de la Ley contra ti fue ejecutada en la cruz.

Conclusión: La libertad de ya no escalar

El Evangelio no es "Haz tu mejor esfuerzo y Jesús hará el resto". El Evangelio es: "Tu mejor esfuerzo es un trapo de inmundicia; por eso, Jesús lo hizo todo. Ahora, cree y entra en el reposo". Por eso, el versículo que sigue inmediatamente en Romanos 10 es: "Porque Moisés escribe de la justicia que es por la ley: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que es por la fe dice: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer a Cristo abajo), o ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos)" (Romanos 10:5-7). Deja de escalar. Cristo ya bajó. Deja de buscar muertos. Cristo ya resucitó. La justicia está cerca, en tu boca y en tu corazón. Es la palabra de fe que predicamos.

Hoy, si aún cargas con la culpa del pasado, si aún crees que debes "hacer más" para que Dios te acepte, detente. Mira al Calvario. Ahí la Ley exhaló su último aliento de condena sobre Jesús, para que tú pudieras respirar el aire fresco del perdón. El fin de tu lucha es Él. El fin de la ley es Cristo.

Oración final:

Padre Santo y justo, gracias porque Tú no nos dejaste perdidos en la escalada imposible de la Ley. Hoy te damos gracias porque Jesús es nuestro telos, nuestra meta, nuestro fin y nuestro cumplimiento. Perdónanos por los días en que hemos intentado añadir nuestras obras muertas a la obra perfecta de tu Hijo. Ayúdanos a entender que ya no somos evaluados por lo que hacemos, sino por lo que Él ya hizo. Por fe, recibimos hoy tu justicia como un regalo inmerecido. Descansamos en Cristo. Ya no subimos, porque Él bajó. Ya no buscamos méritos, porque Él es nuestro mérito. En el nombre victorioso de Jesús, el Fin de la Ley, amén.

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Aclaración

Este Blog no tiene fines de lucro, ni propósitos comerciales, el único interés es compartir los gustos y las preferencias de su autor, con personas afines. Julio Carreto. Predicador