EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA: TEMER Y OBEDECER

Salmo 111:10 (RVR60): "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; Su loor permanece para siempre."

Este versículo, ubicado al final de un salmo que celebra las obras y la fidelidad de Dios, funciona como un resumen teológico profundo. No es solo una frase aislada, sino la conclusión lógica de contemplar quién es Dios: sus obras son grandes, justas, fieles, verdaderas y redentoras. Al considerar Su grandeza, la respuesta apropiada del ser humano es el "temor de Jehová." Pero, ¿qué significa este "temor"? No es el miedo paralizante que nos hace huir, sino un sentimiento de reverencia, asombro y profundo respeto. Es reconocer nuestra finitud frente a Su infinitud, nuestra fragilidad frente a Su poder, nuestra ignorancia frente a Su omnisciencia. Es ponernos en nuestro lugar correcto: criaturas delante del Creador, hijos delante del Padre amoroso, pero también santos delante del Dios tres veces santo.

Este "temor" es el "principio" – la partida, el fundamento, la piedra angular – de toda verdadera sabiduría. La sabiduría del mundo se basa en la acumulación de datos, la experiencia humana y el razonamiento autónomo. Pero la sabiduría bíblica, la que da sentido a la vida y conduce a la salvación, comienza con una postura del corazón: reconocer a Dios como la fuente y la medida de toda verdad. Sin este temor reverencial, todo nuestro conocimiento es como una casa edificada sobre la arena: impresionante en su estructura, pero destinada al colapso cuando vengan las tormentas de la vida. El temor de Dios nos da la brújula que orienta todo nuestro aprendizaje, decisiones y valores.

El salmista no deja este temor como un sentimiento abstracto. Lo vincula inmediatamente con la obediencia: "Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos." Aquí se revela la dinámica divina: el temor reverencial (una actitud del corazón) se expresa naturalmente en la obediencia amorosa (una acción de la vida). No se puede temer verdaderamente a Dios y vivir en rebelión deliberada contra Su voluntad. La prueba de nuestro "temor" no es solo una emoción piadosa, sino una vida transformada que busca agradarle. La palabra "practican" es clave. No es un conocimiento teórico o un acuerdo intelectual, sino una aplicación constante, un hacer. En ese hacer, en esa obediencia, encontramos "buen entendimiento". Es en el camino de la obediencia donde la sabiduría se hace práctica, donde descubrimos la bondad y sensatez de los caminos de Dios, aunque a veces no los entendamos completamente al principio.

Finalmente, el versículo concluye con una promesa eterna: "Su loor permanece para siempre." Esto nos habla del resultado y la perpetuidad de esta vida sabia. Una vida fundada en el temor de Dios y expresada en obediencia, termina en alabanza. No es una alabanza efímera o circunstancial, sino una que "permanece para siempre". La sabiduría que comienza con Dios, desemboca en una eternidad de adoración. La vida del sabio se convierte en un himno perpetuo a la fidelidad y bondad de Dios. Mientras que los logros de la sabiduría terrenal se olvidan, la alabanza que nace de una vida vivida en el temor de Dios trasciende el tiempo.

Reflexión: Hoy, examina tu corazón. ¿Consideras a Dios con esa reverencia solemne que equilibra el amor con la santidad? ¿Está tu búsqueda de sabiduría —para tu trabajo, tu familia, tus decisiones— firmemente arraigada en el reconocimiento de Su señorío? Recuerda que la obediencia no es la carga pesada que el mundo pinta, sino el camino donde la sabiduría de Dios se hace tangible y dulce. Cada acto de obediencia, por pequeño que sea, es un ladrillo más en la construcción de una vida sabia y estable.

Oración

Padre Santo y Sabio,
Te acercamos hoy con corazones reverentes, reconociendo que Tú eres Dios, y nosotros no. Perdónanos por las veces que hemos buscado sabiduría en nuestras propias fuerzas, ignorando el temor santo que es el único principio verdadero. Aviva en nosotros un profundo y amoroso temor hacia Ti, que disipe toda arrogancia y autosuficiencia.

Enséñanos, Señor, que el buen entendimiento no se encuentra en la mera acumulación de conocimiento, sino en la práctica gozosa y obediente de Tus mandamientos. Que cada decisión, cada palabra, cada pensamiento, sea filtrado por el deseo de agradarte y honrarte. Ayúdanos a ver Tu voluntad no como una restricción, sino como el camino de la verdadera libertad y sensatez.

Que nuestras vidas, cimentadas en el temor de Ti y expresadas en obediencia, se conviertan en una alabanza perpetua a Tu nombre. Una alabanza que comience hoy y resuene por toda la eternidad. En el nombre de Jesús, nuestra máxima sabiduría y perfecta obediencia, Amén.

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